Jiva! . Crítica. Rosa Labrandero.

 


UN ANÁLISIS DE LA SOCIEDAD SUDAFRICANA DESDE LAS CLASES POPULARES. EXCUSA: EL BAILE


Ficha de identificación, sinopsis, lo que se dice (Pinchad aquí)



CRÍTICA:


Están entrando en NETFLIX películas procedentes de Sudáfrica, uno de los países que integran aquellos que algunos agrupan bajo las siglas de BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), como  custodios de los valores revolucionarios, países emergentes que se van a erigir en la vanguardia de la población mundial, tanto a nivel espiritual como económico. Sin embargo, si echamos una mirada a sus producciones cinematográficas, una de las ventanas que abre la plataforma de streaming a todos aquellos que quieran aproximarse a la cultura y estadio económico de los estados que pueblan el globo, siente una pequeña frustración. Jiva! desciende en la escalera social rodando, si la comparamos con otro film que hemos analizado en el blog: 'Cómo cargarse las Navidades', una película cuyos protagonistas forman parte de una recién creada High Society, integrada por políticos y sus extensas familias, en las que pesa extraordinariamente el matriarcado, una institución que no favorece necesariamente a las mujeres, sino que va desplazando hacia los márgenes a las que van avanzando en edad, que acaban maldiciendo a sus nueras y nietas, pero reconociéndoles que han hecho de los varones de la familia verdaderos hombres. Un discurso que no sería aceptable en Occidente, a pesar de que es el que emana de las clases altas, ahora en el poder, que han salido recientemente de un sistema de Apartheid, y que muestran hasta qué extremo los hombres son corruptibles cuando se acercan a la capacidad de  controlar a la sociedad.

Jiva!, como he dicho, desciende a las clases populares, pero seguimos encontrando a matriarcas poderosas, que pretenden que sus hijas trabajen para que los jóvenes de la familia, los chicos, estudien. La verdadera vocación de  Makheke  (Ntuthuzelo Grootboom) es bailar, -y ahora hablaré de eso-, igual que sus amigas, cuya manera de vestirse y comportarse se encuentra a mitad de camino entre  la África ancestral y la modernidad de Occidente, una mezcla se vaqueros, mayas y corsés, con peinados, tops estampados muy visuales y recargados. Es curioso el rendimiento, el éxito, que están teniendo en los pueblos africanos que se desarrollan rápidamente, unas densísimas pestañas postizas entre las mujeres, con independencia de su edad. Pero hay algo a lo que debieran estar atentos los petimetres, los pijos occidentales, cuando presumen de hacer música urbana, muy lejos de la fuerza, la energía, e incluso la violencia en los gestos de quien está más cerca de las calles  que ellos, que ni siquiera forman parte de segundas generaciones de emigrantes, con frecuencia ilegales, y no se forma en colegios de élite. Mirar, aprender y reflexionar sobre lo que es auténtico y lo que no lo es; las danzas de Jiva! son auténticas, y su música también, la que aprenden y ejecutan quienes quieren salir de la pobreza y alcanzar un estatus como el que les venden las televisiones. Mahkeke no es precisamente muy pobre, incluso su abuelo fue un músico famoso en otro tiempo, pero ella tiene que trabajar en un parque acuático para dar de comer a su familia. Quien conoce la fábula  de 'Cuentan de un  sabio que un día tan pobre y mísero estaba...', se percatará rápidamente que hay también quien está por debajo de ella y resulta finalmente abandonado, tras sufrir la alucinación del amor.  Una Sudáfrica muy diferente a la que Katleho Ramaphakela y Rethabile Ramaphakela describen en el film citado arriba.

Netflix nos da una buena oportunidad de conocer la idiosincrasia y el estadio de evolución cultural, económica y social de la mayor parte de los pueblos del globo. Y no la voy a desperdiciar. Aconsejo este pequeño ejercicio; ya no es ni necesario rebuscar en la filmografía que ofrecen las élites, que suelen centrarse en los conflictos armados, que no en el hecho revolucionario, sino que estas películas (muy mal clasificadas por cierto, y no siempre con razón; repasemos la doctrina de Umberto Eco y Marshall McLuhan)  nos muestran el verdadero estatus de las clases bajas, que han mejorado, eso sí tras los acontecimientos en los que muchos de los suyos perdieron la vida, pero están muy lejos de llegar a un simulacro de igualdad. El nivel de vida de que disfrutan los personajes de Katleho Ramaphakela y Rethabile Ramaph escandalizaría a un ciudadano occidental  (hay incluso un salón que reproduce la plaza de un pueblo con sus balcones incluidos), multitud de juegos de sofás y mesas, para albergar a un sinnúmero de personas, un nivel de vida que tienen que ir rebajando cuando la justicia pone la lupa en ellos. Lo único que consigue es reducir los metros cuadrados de sus palacios. Las películas no están exentas del pecado de la manipulación y la propaganda, pero cuando las cámaras salen a las calles, algo de realidad captan; a nadie se le escapa que la crisis ha puesto los conocidos  tuk-tuk en las calles de muchas ciudades occidentales, que se promocionan para hacer turismo con un matiz publicitario: 'Tur de Luces de Navidad...en Tuk-Tuk eléctrico privado' . Es verdad que no son de tracción humana, de hombres pedaleando, pero, ya están aquí, empujados por motos.

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