El interés del amor.





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"UNA HISTORIA DEL MAL AMOR", QUE PONE EN EVIDENCIA QUE EL QUE ES VERDADERAMENTE LIBRE ES EL RECEPTOR DEL AMOR.


CRITICA:


En el post de 28 de enero, analizábamos los dos primeros episodios, en los que se presenta a los personajes y se contextualiza el espacio temporal y sociológico,  un Banco de Seúl, profundizando en el aspecto que va a jugar un papel importante en el subtexto: la relación entre los personajes en función de la clase social a la que pertenecen, la existencia de castas en los grandes conglomerados de negocios del centro de la capital en los que es difícil progresar si se carece de apoyos externos, y casi imposible si no se tiene formación universitaria, una situación que genera resentimiento en los de abajo, que viven en la zona antigua de la ciudad, iluminada con luces analógicas, empinada y atravesada por cables, una denuncia que no obvian las producciones sudcoreanes, ya se trate de películas, series o reels, y de la que oímos hablar mucho en la desgraciada avalancha de Halloween en Itaewon. Quien se haya acercado a los famosos kdramas sabrá que militan en el cinéma vérité, a pesar de la imaginativa presentación de los créditos,  que son producto de un pueblo que no se deja arrastrar por las pasiones, en cierta medida cerebral, que busca, tanto colectiva como individualmente la fortaleza económica como sustento de la libertad individual.

Como es habitual en estas series, pronto sale a relucir el talante misógamo de los jóvenes surcoreanos, su rechazo a formar una pareja estable y como consecuencia una familia (el único personaje que ha roto una relación en ese contexto y en el tiempo que abarcan los dos primeros episodios, - el tercero se emite el 1 de febrero -, plantea el tema en unos términos sorprendentes, por la sinceridad deshonesta de sus planteamientos), una mentalidad que responde a la realidad de unos jóvenes que se despiertan de noche y salen de la oficina casi al anochecer, lo que les hace difícil relacionarse con otros chicos y chicas que no compartan espacio de trabajo con ellos. Otras derivadas de la discriminación en el  trabajo a causa de la riqueza familiar son verdaderamente inquietantes. Jo Young-min nos muestra una cara menos amable de un país que lucha por dejar atrás la época del sometimiento y las humillaciones y que ha optado por invertir en capital humano, pero que está lastrado por sectores conservadores que impiden que lleguen a la cumbre los mejores. Interesante.

Desde que se estrenó en Netflix han transcurrido casi dos meses, en los que se ha ido creando, episodio tras episodio, el perfil de una mujer tóxica, envenenada por el abandono del progenitor del que fue víctima su familia cuando era una niña y que decidió desde la infancia vengarse preventivamente destruyendo los castillos que ella construía en la arena, para evitar que otro lo haga en su lugar. La 'Furia' coreana, cruel, que tiene como objetivo su comodidad personal (evoca en un momento determinado la película de Wong Kar Wai 'Deseando amar' ), no duda en martirizar a los hombres que se enamoran de ella y quedan enganchados, perdiendo desde ese momento la alegría de vivir despreocupado y descubriendo un sentimiento perverso que engancha. El protagonista masculino, Ha Sang-soo (Yoo Yeon-seok), desde que es seducido por esta mujer, muestra en todos los capítulos un gesto triste, desesperado, que mueve a la piedad con sus ojos siempre vidriosos. En su actitud destructora no tiene compasión ni del pobre chico que quiere hacerse policía mientras mantiene a su padre enfermo, destruyendo de un golpe a tres de sus compañeros. Hay que tener paciencia para ir asimilando hasta donde nos quiere llevar el director, y, desde luego no tiene piedad con una, ni con los otros. La serie es rica en matices que dejamos al disfrute de cada cual.




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