American Pastoral. Ewan McGregor.











TENER HIJOS TERRORISTAS NO ES UN DRAMA FAMILIAR AL USO NI UN CUENTO PARA NIÑOS.



Ficha técnica, sinopsis, fotografías, cartel y trailer. (Pinchad aquí)


Comentario:


Luís Martínez se hace una pregunta retórica: ¿ es realmente adaptable un libro al cine ? que se responde con vaguedades (es posible, otros lo han hecho ¿Qué otros?). (1) A continuación afirma que Griffith dijo que  era el único camino, pero que ¿Zappa o Costello?, sentenciaron que no era posible. Si ya es difícil adaptar un texto escrito de una lengua a otra, y hacerlo comprensible para una cultura y una idiosincrasia diferentes a la del que escribe (una buena traducción puede ser una obra de arte que han abordado escritores reconocidos, o un auténtico bodrio ilegible. Traducir el simple título de un film provoca auténticos sinsentidos). En esta cuestión hay que mojarse: no es posible la adaptación o al menos la transcripción literal, porque la materia prima de la literatura son las letras, y la materia prima del cine son las imágenes. El que se enfrente a este reto debe saber moldear un discurso diferente al del texto que le sirve de referencia, e incluso puede optar por un subtexto diferente. Ewan McGregor se ha rodeado del mejor equipo, desde el músico Alexandre Desplat, omnipresente en 'El escritor' de Polanski, que embriaga a su público con una penetrante música electrónica, al ahora discreto creador de un score ambiental, que no quiere molestar, sólo contextualizar la historia, cuya presencia apenas toma protagonismo, hasta el director de fotografía, el alemán  Martín Ruhe,  director de fotografía de 'En defensa propia' o 'El americano'.



Pero quien crea algo sabe a qué se enfranta, o lo debe saber. Belén Barreiro, una socióloga que ha publicado recientemente un libro al que titula 'La sociedad que seremos', divide el nuevo sistema social que surge de la revolución tecnológica en dos clases : la analógica y la digital, si bien olvida que queda un baluarte inexpugnable, que se muestra incapaz de pronosticar el futuro inmediato y que aspira a engrosar el Olimpo de los top critics; una 'intelligensia' que se encuentra en la etapa previa a la convulsión que sufrió el mundo con la llegada de la televisión que impuso el discurso más fragmentado (más incluso que el que imaginaron los creadores de la novela moderna con sus monólogos internos), que provoco una férrea resistencia de sectores elitistas a los que Umberto Eco agrupó bajo la etiqueta de apocalípticos, enfrentados a los que se integraron con entusiasmo al nuevo mundo. Parece que el tablero sigue inalterable en la nueva foto fija, que podemos comparar con la que se hizo  en la época que contempla Philip Roth.

Estos días podemos leer en las críticas a la opera prima de Ewan McGregor, cosas como las que escribe el, hasta ahora (le han salido muchos competidores) enfant terrible de la crítica española, Carlos Boyero: " Le debo muchas horas de placer y también de desasosiego a la prosa de Philip Roth, alguien que utiliza el bisturí y la lucidez para diseccionar sentimientos, con el que inevitablemente te acabas reconociendo en las sensaciones que describe y estas son frecuentemente amargas. Pero, por esas cosas raras de la vida, jamás he leído Pastoral americana, que el actor Ewan McGregor acaba de adaptar al cine. Los que han leído con entusiasmo la novela de Roth me aseguran que el cine la ha desvirtuado, que se ha quedado solo con la cáscara. Como no puedo comparar ni opinar sobre la base literaria me ha parecido una película aceptable..." (1)  Boyero evidencia en su análisis que se ha dejado influencia por quien si ha leído la novela de Roth, que forma parte de una trilogía del escritor posmoderno, que le hizo merecedor del Premio Pulitzer en 1997, seguida de 'Me casé con un comunista (1998) y  'La mancha humana' (2000). ¿Quien puede atreverse a nadar contracorriente? Ewan McGregor lo ha hecho y se lo están haciendo pagar. Hace más que quedarse con la cáscara de la historia que escribió el novelista americano, preocupado por la asimilación de los judíos por parte de la sociedad norteamericana, y la elección de la técnica del monólogo interior, que inició James Lloyd, para contar una historia en parte autobiográfica: la de un hombre que muere víctima de su desencanto y del resentimiento que ha provocado a su alrededor, quizá de forma inconsciente, basado en un modelo de felicidad que constituye un constructo que muchos llaman 'sueño americano', pero que se practica mucho más allá de las fronteras de los llamados Estados Unidos. Quien no haya visto esto en la película es que ha salido de su casa con todos los prejuicios puestos.




No podemos obviar que el cine llegó al mundo hace más de cien años para quedarse, y es este discurso el que vamos a analizar. Ewan McGregor convierte en narradores a dos personajes: un escritor y el hermano del protagonista.  El escritor Nathan Zuckerman, interpretado por el carismático David Stratahim, que puso rostro al célebre periodista de la CBS (Columbia Broadcasting System), depurado por el macartismo, Edward R. Murrow, en la película dirigida George Clooney en 2005, que también fue vapuleada en su momento, es el encargado de introducir al personaje de Seymour 'Swede' Levov, (El Sueco), con un sentido del humor más que rebelde y burlón en una conversación con el hermano de Edward en el seno de una reunión de antiguos alumnos del instituto público del barrio judío, imagina al joven protagonista como un chico de buena apariencia, deportista de éxito, una leyenda juvenil, que heredó de su padre una empresa de guantes, cuya plantilla está constituida por trabajadores negros, y  que se casa con la chica que todos pretenden, la Miss que pudo competir por el título de representante de los Estados Unidos, viviendo en una casa bucólica en el campo. La parte negra de su historia corre a cargo de otro narrador: el hermano del Sueco, que nos aleja del estereotipo y nos acerca al hombre, libre del lifting facial virtual de la introducción.

Visto a través de Zuckerman, Sueco evoca al personaje entre mítico y naïf, ridiculizado por este espíritu burlón, que transforma el recuerdo del escritor en un tópico, en la representación del propio sueño, que apenas tiene nada que ver con el objeto de su nostalgia. No sólo Seymour ha perdido su juventud y sus ideales, sino que él mismo acude en busca del tiempo perdido a una reunión de antiguos alumnos, a la que confiesa que no hubiera asistido veinte años antes. Todo contribuye a esa añoranza del 'cuento': las casas que evocan el estilo visual de Wes Anderson o Tim Burton, la música, el color, los prados, las vacas...Mas cuando entra en el relato la voz del hermano, Jerry Levov, interpretado por Rupert Evans, cuyo rostro ha sido desfigurado por el 'photoshop', se desvanece la imagen idílica del protagonista y entra en acción el hombre que va a ser destruido, con las primeras arrugas que surcan un rostro todavía joven, al que dotan de humanidad. En la misma introducción, imágenes de archivo muestran los azotes que iba recibiendo la sociedad americana, terminada la Segunda Guerra Mundial, -Vietnam, macartismo, nacimiento del black power (poder negro), etc...-, y los cambios sociales y económicos de los 60, que van destruyendo el mundo en el que nació, se desarrolló y creyó el protagonista, un desencanto del que da buena cuenta el cine, que transita desde la representación de la inocencia y luminosidad de un pueblo que cree en sí mismo en 'Cantando bajo la lluvia (1951) hasta el pesimismo, el nihilismo y la actitud cínica que pone de relieve 'Johnny cogió su fusil', dirigida por uno de los 10 de Hollywood, encarcelados por el Comité de Actividades Antiamericanas , Dalton Trumbo  en 1971, cuya única arma era la cámara.



A partir de la entrada de Jerry Levov pasamos del ámbito de lo público al de lo privado, tan político como lo público . La familia feliz, constituida por un matrimonio y una hija,  ve emerger en el centro de la pareja, un ser extraño, una niña que se ha hecho adulta y que comienza a resquebrajar la relación de sus padres con un acusado Complejo de Electra, un término propuesto por Carl Gustav Jung en 1912, para designar la contrapartida femenina del Complejo de Edipo, un concepto psicológico que intenta explicar la maduración de la mujer por medio de una fuerte atracción afectiva, e incluso enamoramiento del padre, lo que a la larga puede desembocar en una reacción muy adversa frente a éste al sentirse rechazada. (Todos sabemos que Electra mató a su madre, porque previamente había asesinado, junto con su amante, a su marido, Agamenón). Así lo plantea Ewan Mc Gregor, que construye un mundo de adultos poblado por el Sueco, su mujer, a la que desprecia la niña que ha desarrollado una tartamudez porque no puede competir con la belleza de su madre, una antigua miss, la psicóloga, los abuelos retirados a una tranquila vida de jubilados y el hermano médico de Edward.

La adolescente, en fase de rebeldía, deriva todos sus rencores y frustraciones hacia el padre, que comienza un auténtico via crucis que durará toda su vida, en un relato preñado de cierta e indismulada misoginia, que denuncia Berta Delgado Melgosa en 'Philip Roth: Elegía'. (3) en el que también aparecen mujeres en esa situación pseudo-privilegiada, que carecen de la fortaleza del hombre y pierden la razón, como la Ofelia de Shakespeare. El film nos sitúa en los años 60, una era preñada de conflictos y transiciones violentas, en la que, como ocurre en todas las transiciones, conviven  el  amor más profundo hacia aquello que sentimos que se nos va y el odio de los  emergentes hacia lo que  consideran viejo orden. Este es un relato sobre el anhelo de ser americano y el rechazo de la idea de América. "Lo que plantea, (Roth),  es el deseo de una idílica América Pastoral: una vida respetable, tranquila, ordenada, optimista, llena de logros, contrapuesta al tremendo desorden norteamericano. Es la espantosa descripción de cómo la inocencia de Swede Levuv se ve barrida por los tiempos y de cómo todo lo que su familia había creado en América con tanto esfuerzo a lo largo de tres generaciones queda hecho trizas por la explosión de una bomba en su propio huerto bucólico." (4) Así se vende el libro de Roth, una descripción válida para el mundo contemporáneo, más allá de las fronteras con las que no pocos imponen a esta historia.

Tras un breve prólogo de un mundo feliz, como el que protagoniza para Tim Burton el propio Ewan McGregor en Bigh Fish,  la mayor parte del film esta orientada hacia la narración de cómo se van degradando las relaciones entre un padre y su hija que se erigen en símbolo de la brecha que se estaba abriendo en la sociedad, basadas en el resentimiento y el desprecio de quienes anteponen su propio interés al de los demás. Howard Jacobson (The Guardian) pone el dedo en la llaga cuando afirma que: "Roth parece sentir satisfacción al notar que mucha gente "odia" su novela. Como si "odiar" fuera una precondición para entenderlo. Roth, por supuesto, siempre ha sido un novelista que le da a sus lectores un paseo salvaje. Si usted no ha luchado con el ángel y el diablo y perdido a ambos, no se puede decir que lo ha leído." (5) En la crítica cinematográfica, en la que un texto audiovisual dura como mucho dos o tres horas, la necesidad de evitar el spoiler  obliga a los creadores de opinión a no concluir a sus argumentos y a convertir sus artículos en dogmas que deben ser aceptados por sus creyentes sin más explicaciones, aunque consiguen su propósito: ahuyentar a los espectadores de las salas.

Ewan McGregor convierte en protagonista de su relato a una familia de clase media americana, un sector que en la década de los 30 y los 40 parece disfrutar de unos cimientos  bastante sólidos, pero que, sin embargo, no lo son tanto, pues tan solo dos décadas después estallan las rebeliones (también en Europa, recordemos el mayo francés) que destruyeron un modo de vida imperante hasta ese momento, capitaneados por los hijos de estos convencidos burgueses. La película no se restringe al ámbito familiar, aunque le afecta profundamente como célula básica en la que se asienta el hasta ahora dominante sistema patriarcal. El debutante McGregor le da caña a todo el mundo: a los padres, a la hija y sus compañeros, que pasan de matar personas a proteger la vida de las bacterias, a quienes les dan sustento ideológico pero se quedan en casa como el 'capitán araña', a quienes les dan asilo desde sus bufetes de profesionales liberales y luego se despreocupan de ellos, (la psicóloga y el padre protagonizan una de las secuencias con más carga acusatoria del film), y a cualquiera que se ponga a tiro. Concluye afirmado que se ha pasado la vida intentando entender a la gente y no lo ha conseguido.

Es posible que Ewan McGregor haya optado por inclinar la balanza hacia el ámbito de la familia, primándolo frente al análisis social, que apenas tiene presencia en unas breves imágenes de un conflicto ante la empresa del Sueco, que emplea a trabajadores negros, pero también azota a la burguesía a la que su hija hace responsable de la descomposición social y la revolución en marcha que destruye no al poder que constriñe a la población, sino lo que tiene más a mano, aunque sea un pobre empleado de correos; la línea divisoria entre los dos tipos de víctimas indirectas, la familia del trabajador y la pareja burguesa que pide perdón en nombre de su hija terrorista, es que los primeros tienen la posibilidad de rehacer su vida, mientras los segundos no. Al final, como dice el tío de Merry (DaKota Fanning) lo único que destruyó la chica con su rebeldía fue a su propio padre, y eso es precisamente lo que más duele a la clase que critica Roth, cuya presencia, si bien la reduce el cineasta, también la muestra, según Oti Rodriguez Marchante. En su debut cinematográfico, Ewan McGregor ha pisado muchos cayos y se lo han hecho pagar. La pastoral se transforma en una travesía por los infiernos de Dante, que, se esté de acuerdo o no, conmociona a los espectadores más sensibles, quienes, con toda probabilidad, se plantean qué ocurre en las casas de los terroristas que se inmolan cada día en estos duros momentos en los que la sociedad camina sin saber hacia dónde se dirige.

La reacción contra el film ha sido visceral, y se expresa en los propios titulares: 'American pastoral': el pisotón de McGregor, (Luís Martínez, diario 'El Mundo'); Paraíso demolido (Jordi Costa, diario 'El País'); 'American pastoral': Philip Roth contado a los niños, (Nando Salvá, diario 'El Periódico). En Estados Unidos ha molestado especialmente a las revistas de ocio y entretenimiento o de fashion live, como Variety, cuyo cronista Andrew Barker la destruye con calificativos como como plana y entrecortada; Peter Travers (Rolling Stone)  cree que la obra maestra de Roth exigía un revolucionario del cine (no se sabe qué entiende por eso); Leah Greenblat de Entertainment Weekly que la ve, ni más ni menos, como un drama de muñecos recortables, plano y torpe. Frente a estos Todd McCarthy (The Hollywood Reporter) la ve como un drama decentemente interpretado, que peca de ser prosaico en exceso. O Gary Goldstein para quien la adaptación del actor británico es evocadora, absorbente y muy oportuna... Sin embargo el film no ha dejado indiferente a una clase media americana, a la que no le apetece la idea de ver a sus hijos convertidos en terroristas, (la imagen final es demoledora para quien tenga algo de sensibilidad), y más tarde en miembros de sectas desquiciadas, desenvolviéndose en los ambientes más sórdidos y distópicos; así lo recoge la página Rotten Tomatoes, cuyo Tomatometer le da un índice de aceptación de la prensa del 23%, consultadas 103 reseñas, y del 28% del público, pulsada la opinión de 2,273 espectadores. Si esto es un drama familiar, no es un drama cualquiera, afortunadamente. La América que reacciona es la que pone ante su foco Philip Roth.

Mola molestar,  ma non troppo.

(1) 'American Pastoral' : el pisotón de McGregor. Diario 'El Mundo', 8 de junio de 2017.
(2) Correcta y sentida opera prima. Diario 'El País', 24 de septiembre de 2016.
(3) Philip Roth. bertadelgadomelgosa.wordpress.com
(4) lecturalia.com. Pastoral americana. Philip Roth.
(5) Howard Jacobson: "La Pastoral americana ¿Philip Roth está en su mejor momento?
(5) Pastoral americana: país, educación y juventud irresponsable. diario 'ABC', 8 de junio de 2017.www.theguardian.com.books.




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