Como la vida misma. Crítica





Ficha técnica, sinopsis, lo que se dice (Pinchad aquí).


Crítica.


Es muy difícil juzgar la ola de nuevos directores que están surgiendo de plataformas televisivas, nacidas al calor del avance entre el público joven de las series televisivas y los festivales de cine independientes, unos autores de los que se saben pocas cosas. Entre estos jóvenes creadores se encuentra Don Fogelman, nacido en una familia judia disfuncional en River Valle, Nuevo Jersey, que inició su carrera como productor y guionista de televisión, un soporte que parece destinado a convertirse en el principal soporte de los modos de representación cuyo lenguaje se construye con imágenes. Esta situación esta creando un espacio para nuevos videoclubs, dirigidos por cinéfilos que rastrean en listas de festivales y otros nichos, evitando la relación con las compañías de distribución, pagando cantidades elevadas (hablamos de 35 o 50 euros) para adquirir películas descatalogadas o de difícil  localización, a la que ellos mismos ponen subtítulos. 

Un gran trabajo que intenta satisfacer la demanda de quienes se inclinan por el cine de los márgenes y desean evitar el centro de las vías por las que circula todo lo que se produce, ocupado por realizaciones  blockbuster que empiezan a saltarse ciertos territorios de la comercialización de películas y series, como el DVD, el Blu-ray y HD, lo que empuja a muchos cinéfilos a inscribirse en plataformas como Netflix, que según los que regentan Stromboli, "te dan acceso a un catálogo de unos 1.500 títulos entre películas y series en el que la primera elección será determinante. Redes de datos te podrán el trabajo fácil con una norma básica: “si le ha gustado x, le gustará y“. Ya estás en el bucle y hasta se producirá contenido a partir del big data que has generado. Es la cultura bajo demanda que también practican plataformas como Amazon, Spotify o HBO."* Algo está ocurriendo que de momento pocos controlan, y que se observa en cualquier lugar que recoja datos, incluidos los propios blogs, que muestran que las películas que concitan mayor interés. como 'Lo que esconde Silver Lake' de David Robert Mitchell, considerado por algunos un nuevo cineasta mítico, sin embargo han fracasado en taquilla; películas temidas por los gestores de las salas de proyección, en un momento en el que las élites culturales están en otra parte, mientras que a los cines acuden espectadores a los que defrauda cualquier película en la que nos subyazcan temas orientados a que el espectador pase un buen rato, películas a las que se denomina good feel movies; un tipo de público que se convierte en  un auténtico hater cuyo canal es el boca a boca entre conocidos.  Las grandes producciones mainstream, cuyo público es el sector más joven, se concentran en las salas mejor dotadas tecnológicamente.El nuevo estreno del último film de Yorgos Lanthimos, distribuido por la Fox, La favorita, en salas que hasta ahora marcaban la agenda cultural, hace temblar a los directores de programación de las mismas.

¿Por qué realizamos una introducción tan larga? Porque el film que dirige Don Fogelman, el segundo para la gran pantalla, protagonizado por Oscar Issac, (el primero fue Danny Collis, 2015, que inspiró un viaje con su madre a Las Vegas), es un metarrelato que se centra no tanto en lo que se cuenta sino en cómo se cuenta, convirtiendo al narrador en sospechoso, y se le identifica con la vida misma; este es el auténtico y casi único protagonista del film, un objetivo que se descalabra cuando a mitad de película (dividida en cuatro partes), se inicia un espin off que incluye tres generaciones, en las que un niño, situado junto al conductor de un autobús que atropella a una mujer, testigo ocular en un lugar privilegiado, entra en escena y justifica dos nuevas partes del film, que termina revelando quién es la narradora sospechosa: una descendiente de una de estas mujeres que protagonizan historias, que se relacionan entre sí como las matrioskas rusas. Cuando se muestra al fin esta narradora diegética, paradójicamente, es una escritora de libros y no de guiones cinematográficos, una oportunidad perdida de poner un buen broche de oro a su películas, y un nuevo desprecio al cine, que ignoramos si se debe a una decisión del director o a una imposición de las productoras para favorecer un giro más comercial, dadas las circunstancias, del film.

La película comienza bien, con una magnífica referencia al narrador icónico y emblemático de Spike Lee en películas como 'Haz lo que debas', en la que Samuel L.Jackson, desde una radio local, en la que combina la música con las noticias del barrio, una zona de Brooklyn en la que se aglutinan las casas llamadas Brownstone, muy características de estos lugares gentrificados en los que se ha ido expandiendo la burguesia, desplazando en su avance a los negros; en este barrio viven los padres de Will (Oscar Isaac), y allí se produce una tragedia que como la de 'Radio Raheem', (interpretado por Bill Nunn, con el que acabó el cáncer), narrada por el protagonista de Pulp Fiction (Quentin Tarantino, 1991), que anima el calor sofocante en el que 'arden' los suyos como Mister  Love Daddy. En el film de Don Fogelman protagoniza un breve cameo, relacionado con unas imágenes iniciales en la que Annette Bening, que entrará en la siguiente secuencia como la psiquiatra que trata al desolado e inconsolable Will, interpretado por Isaac,  emblematizado en diferentes encuadres con unas letras griegas que lo identifican con aquel actor desconocido al que Alejandro Amenábar lanzó a la fama con Ágora,y que hace más de una referencia a  su actual participación en la saga más célebre de todas las que se han hecho hasta ahora, Star Wars,citando en sus jugueteos amorosos a Chewbacca y a las precuelas protagonizadas por Natalie Portman. De este modo el film tiene una primera parte autorreferencial, tanto en lo que se refiere a las influencias del director, como a la propia trayectoria de su protagonista principal, que junto a Annette Benning conversan sobre los traumas que afectan a este hombre joven y comparten espacio cinematográfico con los personajes que representan, mostrando ante su público la dualidad existente entre el actor y su rol en la ficción, que el espectador asocia de forma indisoluble. Si hubiera terminado aquí, estaríamos ante un film al menos interesante, pero la necesidad, -ignoramos a qué obedece -, de quitar dramatismo y hacer más amena y comprensible esta historia narrada de forma tan particular, lo lleva a añadir dos partes más, una especie de 'spin off', narrado de la forma más convencional , el Modo de Representación Institucional según el concepto acuñado por Noël Burch, y melodramática; otra forma de narrar que lo aleja de las dos primeras partes, pero lo somete también al fantasma del narrador bajo sospecha.

Juan Miguel Company en 'La realidad como sospecha', un libro en el que en su breve reseña el profesor de Historia y Lenguaje del Cine de la Facultad de Bellas Artes, pretende iluminar el nacimiento de la escritura moderna en el último tercio del siglo XIX, describiendo tanto al fantasma deseante -goce del autor naturalista - como a la autorreflexión del mismo, en cuyo desarrollo el nudo gordiano de la producción de sentido  no es la manida dicotomía sobre  qué se dice/cómo se dice, sino "el lugar donde se dice"  En el prólogo del libro de Company libro, titulado 'Lo real es extraño', Jenaro Talens  advierte que la teoría literaria no saldrá de su impasse hasta tanto no incorpore muchos de los instrumentos que han ido elaborando -al margen casi siempre del discurso académico establecido - los estudios sobre teoría y práctica del cine.** Don Fogelman hace extensible, de este modo, su sospecha a la vida misma, un narrador tan sospechoso como cualquier otro. Podía haber sido la materialización de una gran idea.




* Este videoclub de Valencia hará que te des de baja de Netflix. Valencia secreta.com, 7 de juniode 2018.
** La realidad como sospecha. Juan Miguel Company-Ramón. Hiperión. Editor asociado, 1985.

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