Green Book. Peter Farrelly. Crítica




GREEN BOOK: LA 'GUÍA MICHELÍN' DE SEGURIDAD EN EL HOSPEDAJE PARA LOS AFROAMERICANOS QUE VIAJAN A LOS ESTADOS DEL SUR.


Ficha técnica, sinopsis, premios, nominaciones a los Oscar, lo que se dice (pinchad aquí).


Crítica:

Peter Farrelly realiza uno de los filmes con uno de los discursos más interesantes de los que optan al premio que otorga la Academia de Cine Norteamericana, para cuya representación ha optado por una forma que comulga con diferentes géneros (comedia, drama) y subgéneros (road movie, buddy movie), y se inspira en uno de sus clásicos, tachado de buenista, Frank Capra y su película más emblemática, la que emiten televisiones de todo el mundo durante las navidades católicas, 'Que bello es vivir',  para construir la diégesis de un relato poético y epifánico, en el que un hombre rudo en las formas, un  ignorante acostumbrado a usar los puños antes que el cerebro, y, como ocurre a menudo, a despreciar al diferente, especialmente al que tiene la piel de un color distinto al suyo, tiene un encuentro en el que experimentará una profunda transformación, gracias a la presencia de un personaje, cuya aparición es extraordinaria y difícil de imaginar, que ofrece una oportunidad única para un hombre de la idiosincrasia, la formación y el talante de Tony Lip (Viggo Mortensen), un matón que ha rescindido temporalmente su trabajo en el Copacabana, cerrado por obras durante el fin de año.

Tony, italiano de origen, vive en el Bronx,  un condado y uno de los cinco distritos metropolitanos de la ciudad de New York, separado de Manhattan por el río Harlem, que da nombre a otro barrio multirracial, comunidades en las que han convivido con los afroamericanos, irlandeses y diferentes grupos étnicos procedentes de Europa, pero también de Asia y de la gélida Rusia, a cuyos nativos que migran a Estados Unidos  este hombre ignorante,que apenas sabe algo más que pegar,  se empeña en confundir con los alemanes. Todos estos grupos, procedentes del viejo mundo desconocido en el siglo XV, - también los ahora llamados caucásicos, antes blancos-, están imbuidos de una fuerte animadversión mutua que da lugar a constantes enfrentamientos, que con frecuencia acaban en tragedia, un clima que representa como nadie el cineasta-activista Spike Lee en 'Haz lo que debas', 1989, que en la edición de 2019 opta también a una estatuilla  de oro  por 'Infiltrados en el KKlan', en competición con Green Book.

El cineasta, experto en la nueva comedia americana, realiza su película con estos mimbres, a los que suma el gran desconocimiento que unos grupos de población de la macro-ciudad de los  negocios tienen de los demás, lo que favorece el surgimiento de prejuicios sin ninguna base, que desembocan en desprecio, resentimiento y, en los casos más extremos en la violencia, muy frecuente en los estados del centro y el sur de Norteamérica. Esta situación se ejemplifica en el film de Farrelly en el comportamiento de la policía de estos estados, incluso en la actualidad como demuestra Spike Lee en Infiltrados en el KKlan, de la que hemos hablado, que no hace recomendable para un afroamericano viajar de noche por carreteras secundarias, por mucho que su chófer sea blanco ( recordad 'Missing' , Costa  Gavras, 1982), que hace temer cualquier control nocturno, sin testigos, mientras estos mismos agentes se revelan democráticos y colaboradores con los mismos personajes cuando ambos se encuentran ya en los estados que atraviesan en dirección contraria y llegan al Norte cuando se dirigen a casa para estar con la familia en Navidad.

Dejando la vis cómica a cargo del personaje que representa Viggo Mortensen (a los espectadores les gusta ver a arquetipos de hombres vulgares, que usan la gramática parda, no saben comportarse de una forma más o menos aceptable socialmente, se caen..., en definitiva, son peores que ellos), y el drama a manos de Maershala Alí, en su papel de Dr. Don Shirley, unos roles que mantendrán ambos actores hasta el final, y ubicando la historia en la década de los 60 del siglo pasado, en pleno vigor de la segregación de la población afroamericana, que se llevó por delante al presidente de la nación norteamericana, John Kennedy, que intentó acabar con normas de menor rango inferior en los antiguos estados confederados, (recientemente se llegó a prohibir exhibir la bandera a la que los ejércitos del Sur siguieron en la Guerra de Secesión que lucharon con los yankees)  anti-abolicionistas de la esclavitud, y que no mucho más tarde asesinaron también a su hermano Bob, con el que se pone en contacto Shirley cuando unos policías locales lo retienen irregularmente en los calabozos de una comisaría.

Hemos dicho que el escaso contacto de estos grupos entre sí da lugar a una serie de prejuicios que se traducen en creencias equivocadas sobre lo que significa 'ser negro', pero también lo que significa'ser blanco'. Tony cree que los primeros hacen música de raíz, no carente de importancia ya que la música actual parte de esta tradición, si exceptuamos, dicho ésto de forma muy general, las nuevas tendencias indies, que parecen buscar otras fuentes, mientras los segundos son los monopolizadores de la música que llamamos clásica, y, desde su escasa formación cultural afirma que "interpretar a Beethoven lo puede hacer cualquiera, hacer lo que hace el Dr.Don Shirley sólo lo puede hacer él", algo ni demasiado lejos ni muy cerca de la realidad. La primera secuencia nos muestra el interior del 'Copacabana', un local que ha hecho célebre el cine, en el que un orquesta de 'jazz blanco', constituida por instrumentos de viento, a la manera de Glen Miller, nos muestra a alguno de sus músicos en el primerísimo primer plano, mientras el fondo del encuadre está ocupado por una tremenda pelea en la que Tony 'hace su trabajo': sacar a golpes del local a uno de los camorristas. Una de las últimas secuencias, por el contrario, nos muestra a Shirley tocando en un garito en el que los afroamericanos tocan jazz, blues y otros ritmos, con una composición de grupo muy diferente, más reducida, que combina las cuerdas, con los vientos, intentando demostrar que no todos los hombres son iguales, sino individuos con sus gustos, sus creencias, su educación, con independencia del color de su piel, el  grupo social y la clase de origen; con este objetivo deja el vaso de whisky que su predecesor ha olvidado junto al piano en el suelo, (un músico clásico no bebe  alcohol en sus actuaciones), y tras una introducción clásica, se lanza a unos ritmos más propios de las raíces de su pueblo, pero más cercana en su interpretación al estilo de Jerry Lee Louis, el escandaloso músico blanco, que conmovió al país cuando se casó con una joven de quince años. Se aconseja ver 'Gran Bola de fuego' (1989). Pensar que un afroamericano está especialmente dotado para la música y el deporte, que le permiten desclasarse, es como restarle capacidades para otras actividades, por mucho que la realidad contradiga esta afirmación.

Deshecho este entuerto, queda mucho trabajo por hacer con Tony, y para representar el nacimiento de un hombre nuevo, humano, educado, respetuoso con los demás, Farrelly combina dos subgéneros: la road movie y la buddy movie. Dos hombres solos (los otros miembros del trío viajan por su cuenta) inician un viaje por carretera, partiendo de Nueva York, atraviesan el cotton belt ( estados de Carolina, Georgia, Kentucky, Arkansas, Luissiana y otros) donde los negros siguen trabajando el algodón como en las épocas de esclavitud, hasta llegar a la América profunda, trayecto en el que 'Doc', como llama Tony al músico cultivado, que le dicta cartas a su mujer como un Cyrano de Bergerac actual, un literato libertino que llevó al teatro Edmond Rostand, de bella apariencia frente a su predecesor, pero que pertenece a un pueblo discriminado, sufre todo el peso de la segregación, humillante y vergonzosa, aprovechando la ocasión para enseñar a su chófer cómo debe reaccionar un ser humano digno de tal consideración.

Da la impresión de que la intelectualidad norteamericano está enfrentándose a un resurgimiento del racismo en la era Trump, un posicionamiento que comparten los cineastas y que la Academia parece dispuesta a valorar (cuatro de las 8 películas nominadas rescatan de temática que provocó el nacimiento del  Black Power, -Black Panther, que recupera el espíritu de la 'negritude', Green Bock, Infiltrado en el KKlan y Roma, que nos muestra cómo vive la  población indígena de México-, y cuatro tienen como protagonistas a la población blanca), pero todas ellas, incluida la del nuevo superhéroe negro, sólo ven una posibilidad de salvación, de mitigación del dolor humano: la solidaridad de afroamericanos y caucásicos discriminados por su religión, su condición sexual, su lugar de nacimiento o su clase social, que, en muchos casos supone el pase a la reserva de los elementos más radicales de sus propias filas, de lo que da buen ejemplo Black Panther de Ryan Googler (1918). Unas películas que, como ocurriera en el pasado con el cine negro de los años 40 y 50 del siglo XX, deja un testimonio inapreciable de las consecuencias de una crisis que comenzó en 2008, de las cuales la más importante es la creación de un muro (semejante al que se levantó en el Berlín de posguerra y que fue llamado 'de la vergüenza'), que pretende dividir con un 'limes' arbitrario al continente americano en dos. 

Un legado de valor incalculable para las futuras generaciones, que ha construido Farrelly sirviéndose para su propósito de la tradición norteamericana, de géneros que sólo los cineastas de su país dominan, como la comedia, y subgéneros genuinamente norteamericanos, como la 'road movie' y la 'buddy movie', películas en las que el elemento dominante es el compañerismo entre hombres del que quedan excluidas las mujeres, que forman el núcleo del relato en el que 'Doc' se convierte en el ángel capriano que se encargará de convertir a un bruto insensible y xenófobo, el matón que, al comienzo del film, echa a la basura los vasos en los que han bebido dos fontaneros negros, en un hombre reflexivo, comedido y sensible a la injusticia. Este aspecto es el que le ha valido el calificativo peyorativo de 'buenista', al que se añade el diseño de un perfil demasiado agreste y pedestre de Tony, que se come a bocados una pizza familiar doblada, sin molestarse en cortarla en pedazos. Unos matices que se han ganado a una parte importante del público.

Comentarios