El Faro. Robert Eggers. Ficha técnica y crítica.



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LA HISTORIA SE DA PRIMERO COMO DRAMA Y LUEGO COMO FARSA. (Karl Marx)

Ficha técnica:


Título original: The Lighthouse
País: Estados Unidos
Año: 2019
Duración: 110 minutos

Dirección: Robert Eggers
Guión: Robert Eggers, Max Eggers
Casting: Kharmel Cochaane
Dirección de Fotografía: Jarin Blachske
Score original: Mark Korven
Edición: Louise Ford
Diseño de sonido: Damian Volpe
Coordinador de especialistas: Neil Davison
Director artístico: Matt Likely
Decorador del set: Ian Greig
Supervisor efectos visualesEric Pascarelli

Diseño de Vestuario: Linda Muir
Maquillaje: Tracy Loader
Peluquería: Linda Flynn


Productores: Rodrigo Teixeira, p.g.a., Jay Van Hoy, p.g.a., Robert Eggers,
Productores Ejecutivos:Arnon Milchan, Yariv Milchan, Michael Schaeffer, Josh Petters, Isaac Ericson, Sophie Mas, Gaito Ortiz, Rodrigo Gutierres, Alan Terpins, Chris Columbus, Eleanor Columbus
Diseño de producción: Craig Lathrop
Compañías productoras: Universal Features a Comcast Company, A24, Regency Enterprises, RT/Features, Parts & Labor Production



Intérpretes:



Robert Pattinson:  Ephraim Winslow,
Willem Dafoe: Thomas Wake,
Valeriia Karaman, Mermaid,
Kyla Nicolle: Mujer en las rocas,
Shaun Clarke Departing Wickie,
...


Sinopsis:


En una remota y misteriosa isla de Nueva Inglaterra, en la década de 1890, el veterano farero Thomas Wake (William Dafoe) y sujoven ayudante, Ephrain Winslow (Robert Pattison) deberán convivir durante cuatro semanas. Su objetivo será mantener el faro en buenas condiciones hasta que llegue el relevo que les permita volver a tierra. Pero las cosas se complicarán cuando surjan conflictos de jerarquía entre ellos.



Premios (Filmaffinity). 



Los galardones se concentraron en la fotografía y el trabajo de Willem Dafoe, dos clásicos que pueden ser o parecer indiscutibles.

 Lo que se dice y crítica del blog:


Respecto a lo que se dice, se recurre una vez más a los lugares comunes que sirvieron a la crítica antes del surgimiento de la televisión, el enemigo público número uno, que ahora el coronavirus, que parece (solo digo que parece no que es) diseñado para  facilitar el avance de la era tecnológica que recluye en sus habitats, sean estos cuales sean, a los mas consumidores que ciudadanos, que 'votan' a quienes les ofrecen los productos a precios más competitivos (solo hace falta ver las colas que se han formado ante Apple para cambiar su 'iphone' viejo por uno nuevo, o algo así, que incumplen todas las normas de prevención del contagio), e introduce nuevas formas de trabajo en el revolucionario sistema productivo que se está imponiendo, tan silenciosamente que la clase que está siendo descabalgada y sustituida por la nueva tribu de tecnólogos que domina el mundo (recientes ataques y acusaciones a Bill Gates, acusándole de crear el covid-19), apenas es consciente de su propia decadencia.

El Faro es claramente un producto nostálgico que vuelve al pasado en busca de los orígenes de la forma de representación de la realidad más moderna, constantemente cuestionada por diferentes  discursos de las materias que contribuyen a entender al ser humano, que, ahora, un muerto-vivient extraños se empeña en dificultar levantando barreras ante cualquier intento de recobrar libertades elementales de las que disfrutaron incluso los esclavos de la antigüedad, menos selectivo que las guerras convencionales, como la Segunda Mundial que superó los 60 millones de muertos; una nueva forma de diezmar a la población mundial que pronosticaron producciones cinematográficas de Marvel, en una película definitiva: Infinity War, (Anthony y Joe Russo, 2018), y que, hoy, cuando releo lo que escribí en el momento en que se estrenó siento escalofríos. Pero parece que hoy, el producto que presentan los hergamos Eggars no tiene sentido, ni como ejercicio de estilo ni como un esfuerzo con vocación de análisis, a la manera en que Ernest H,Gombrich estudió la evolución de la pintura. Volver sobre los pasos de Tarkovsky, Bergman, Dreyer, e incluso Orson Welles y acercándose algo al nuevo cine a través del score musical de Mark Korven que evoca la que compuso Hans Zimmer para Christopher Nolan en Dunkerque (2017),  constituye un ejercicio vacuo y sin interés porque no conecta con la realidad, ni siquiera cuando hace explícito su background en una imagen final más con intención mística que didáctica o interpretativa del momento que les ha tocado vivir al director y guionista de 'El Faro'.

No obstante, hay que agradecerles que hayan introducido una banda sonora que no reniega de la construcción de una diégesis cinematográfica que se esforzaba en hacer en la construcción del mito de Frankenstein de que habla Noël Burch, con el objetivo de suplir las carencias de ese ingenio de la mecánica que enamoró a Bratt Pitt en 'Entrevista con un vampiro' de Neil Jordan, que pone en boca de su personaje, un ser que vive eternamente y es testigo de los avances de la ciencia y la tecnología, un bonito discurso, que frente a la negatividad que transmite Maximo Gorky, tras acudir por primera vez a una sesión cinematográfica, muestra el mayor entusiasmo por esta nueva forma de contar historias en la que lo audiovisual compite con lo simplemente discursivo, un hecho que muchos se niegan a aceptar, a medida que se ven más películas y se leen libros, que por otra parte son completamente necesarios, ya que cumplen una función formativa, placentera y a la vez necesaria para entender el mundo que nos rodea, incluido el cine. Libre el relato de esta mirada nostálgica al pasado (a Tarkovsky, Dreyer, Bergman, Lang y tantos otros hay que situarlos en su contexto material e ideológico, así como en la idiosincrasica que se imponía en el desarrollo de sus obras, que no tienen nada que ver con estas mismas virtudes y valores matizados por la evolución de la sociedad y algo tan pragmático como los medios y los sistemas productivos y la evolución de los mercados, de los que nadie está libre), nos encontramos con el enfrentamiento de dos lobos de mar,una viejo, que domina la relación y controla la luz del faro (unos lo relacionan con Kafka y otros con el mito de Prometeo, especialmente por la última y burda imagen), en la que es memorable el trabajo de Willen Dafoe y un madurado y endurecido Robert Pattinson, a los que se pretende dotar de una mayor gravedad e incluso fiereza insertándolos en un contexto distópico a causa de las condiciones del paisaje bergmanino, mediante una fotografía en blanco y negro, que debidamente tratada, revela las huellas que el tiempo y las dificultades deja en las paredes de una estancias tarkovskianas, una viejos colchones que esconden los sueños  húmedos de los hombres que los precedieron, estancias iluminadas por luces que atraviesan los cristales de viejas ventanas al estilo de Dreyer, e incluso mediante las heridas que envejecen los cuerpos de los marineros. Frente a todas estas virtudes no nos convence el intento de hacer un cine dirigido a una intelligentsia  que paró sus relojes a mitad del siglo XX, y que ahora, en medio de tanta 'necedad', difundida por las televisiones (Umberto Eco escribió 'Apocalípticos e integrados en 1969), intenta abrirse camino con proyectos tan vacíos, como 'El reverendo' de Paul Schreder (2017), un remake de 'Los comulgantes' de Bergman, con alguna nimia actualización, desde luego no formal, que contribuyen a levantar esta farsa por parte de una sector minoritario que se autoproclama elitista y que desprecia la sociedad en la que está inmerso.

El film está disponible en Blu-ray.

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