Tune in for Love (La frecuencia del amor). Jung Ji-woo. Crítica.

 


DEL LOSER-RESILIENTE AL SIMPLE LOSER


Ficha técnica, Intérpretes, Sinopsis, Lo que se hace (Pinchad aquí)


Crítica:


En esta ocasión Jung Hae-in desempeña el papel-protagonista, el de Hyun-woo, con un director muy diferente a Ahn Pan-suk, más oscuro y menos glamuroso responsable de una imagen con la apariencia de ser el resultado de una financiación más modesta, si bien  constantes del cine coreano, tratadas de forma menos emocional y más pragmática y racional, lo que reduce, al menos en parte, el atractivo del cine que se realiza en este país, caracterizado por una carga poética intensa con independencia de que se trate un tema de terror, un thriller o un romance en el que prima la exhibición de los sentimientos por encima de la exhibición de los cuerpos, aunque el actor de que hablamos interpreta papeles más carnales que otros ídolos masculinos que triunfan en este país. Su relato es oscuro, muy en el tono del cine occidental actual, ya que su historia se ubica en una época de crisis, -la de finales de los 90 y principios del siglo XXI (el periodo entre crisis económicas, en vísperas o en el ingreso de una nueva era, se acorta cada vez más) -, y nos sitúa en un momento en el que los barrios, como aquel en el que Bong Joon-ho sitúa  a los invisibles, los de abajo, emulan una selva de cables que atraviesan las empinadas calles en las que se se hacinan los surcoreanos pobres, y que el protagonista, un joven al que no se conocen padres, criado en la calle, una mala escuela para los desarraigados como él, contempla como un palaci, porque en una de ellas vivía en otro tiempo la joven de la que se enamoró un día. Estos cables conviven con el ruido atronador de las perforadoras que están cambiando el skyline de un país en el que se estaba produciendo un desarrollo acelerado, muy presente en la declaración de amor del farmacéutico a la mujer de la que se ha enamorado en 'One Spring Night' de Ahn Pan-suk; un ruido al que se suman otros muy extraños en suelo de Corea del Sur, sobre el que algunos personajes, como el protagonista de 'Recuerdos de la Alhambra', interpretado por Hyun Bin, ironizan: la música navideña norteamericana, un proceso de asimilación cultural al que se enfrentan los realizadores locales con toda normalidad, al menos en su lado más laico y económico.

Son tiempos prehistóricos en lo relacionado con la ola tecnológica que nos invade, en los que los móviles eran pequeños, con tapa, y empezaban a introducir en su mecanismo una cámara que cambiaría para siempre la forma y el tamaño de los teléfonos, una innovación recibida por los jóvenes con entusiasmo; empezaban, en ciertas casas, más o menos privilegiadas, a funcionar códigos para la apertura de puertas, todavía de apariencia antigua y no como esas actuales, blindadas, que parecen de un frigorífico, y todavía quedaban restos de vajillas como las que producía Duralex, en las que los signos del diseño industrial que defendía la Bauhaus, apenas eran visibles. Los jóvenes hacía el servicio militar, y no eran muy inclinados a besar profusamente, quizá y de acuerdo con las tramas más frecuentes, por el temor a comprometerse en una relación que los comprometiera cuando 'ya habían cambiado las estaciones.' El rico es todavía menos rico, y como consecuencia menos arrogante y violento que en otras historias, y de manera coherente el loser, el perdedor, todavía no ha desarrollado la resiliencia de otros personajes que interprete Jung Hae-in, un actor que recibió el 56th Grand Bell Awards al Mejor Actor, por su trabajo en esta película, por la que fue también galardonado Jung Ji-woo y su película con los Buil Film Awards al mejor director y a la Mejor Película, organizados por el periódico Busan Ilbo. Un film que ayuda a entender la celeridad con la que los coreanos han hecho su tránsito a la era tecnológica. Interesante.

La tenéis en Netflix.




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