Barrenderos espaciales. Jo Sung-hee. Ficha técnica y crítica-

 


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SEGUNDA ERA ESPACIAL: BASURA GALÁCTICA

EN 2092, LOS BOSQUES DESAPARECEN Y LOS DESIERTOS CRECEN. LA FALTA DE LUZ Y LA TIERRA ÁCIDA ACABAN CON LA VEGETACIÓN; LA CORPORACIÓN UTS HUYE DE LA TIERRA Y CONSTRUYE UN NUEVO HOGAR EN ÓRBITA, PERO SOLO UNOS POCOS ELEGIDOS PUEDEN ASCENDER...EL RESTO SON CONSIDERADOS NO-CIUDADANOS.



Ficha técnica:


Título original: Seungriho
País: Corea del Sur
Año: 2021
Duración: 136 minutos

Dirección: Jo Sung-hee
Guion: Jo Sung-hee, Yoon Seung-min, Yookang Seo-ae
Edición: Mira Ha, Nam Na-young

Productores: Kim Su-hin, Yun In-beom
Productor ejecutivo: Jason You
Compañías productoras: Merry Christmas, BidangilPictures, Kakaopage Daum Webtoon, Netflix


Intérpretes:


Song Joong-ki: Tae-ho,
Kim Tae-ri: Capitán Jang,
Jin Seon-kyu: Tiger Park,
Yoo Hae-jin: Robot,
Richard Armitage: Sullivan,
...


Sinopsis:


Un grupo de chatarreros se encuentra en una estación espacial. Tae Ho es un piloto de la nave 'Spaceship Vitory' en la que la Capina, Park Tigre y el robot son parte de la tripulación.


Lo que se dice:


No se dice de momento nada. Si el género de ciencia-ficción, con excepción del que producen grandes compañías cinematográficas que hacen campañas a la altura de su negocio, apenas interesa a la prensa, este proyecto coreano, que bebe de Lucas, Ridley Scott, Neil Blomkamp o de la película de animación de Andrew Stanton, Wall-E, no ha despertado, de momento, ningún interés, a la espera de lo que opinen los espectadores, algunos de ellos bien documentados. La página norteamericana Imdb ofrece una nota media de 6,9, basada en 237 votos.


Crítica:



De vuelta a Corea del Sur nos encontramos con la inclusión en la plataforma de Netflix de un film de ciencia-ficción,  Seungriho, en el que su realizador y guionista, Jo Sung-hee, vuelve a constituirse en el testimonio del sincretismo cultural coreano que, si hasta el momento se había conformado, (la pandemia le está dando muchas oportunidades) con alguna incursión en Hollywood, en ocasiones muy bien recibida, como la de su creador Bong Joon-ho, que recibió todos los premios a la mejor `película y al mejor director, en la última edición pre-pandémica de los Oscar, o con la cesión de alguno de sus actores, entre los que destaca Ki Hong-lee, protagonista de la saga de ciencia-ficción 'El corredor del laberinto: las pruebas/Maze Runner', (2015), ahora saltan al primer plano y presentan sus películas, tan multirraciales como las norteamericanas y con referentes muy explícitos (desde George Lucas, Steven Spielberg y Luc Beson, pasando por Neil Blomkamp, e incluso del cine de animación de Brad Bird, con evocaciones tan claras a su 'El gigante de hierro' o Andrew Stanton con 'Wall-E', el  robot chatarrero que apila cubos de residuos hasta formar rascacielos). Su actitud demuestra que el lenguaje figurado de la sci-fi movies no solo entretiene a jóvenes entregados con las hormonas alborotadas, sino a sesudos cinéfilos, siempre que tengan la capacidad crítica  para entenderlo en la medida de su capacidad de comprensión de la grandeza humana, según definición de Theodore Mommsen aplicada a legados del pasado de suma importancia que no vienen al caso.

No dudamos de que en Corea del Sur los restos de la sociedad feudal patriarcal estén muy enraizados, ni de que haya muchos problemas, relacionados con la desigualdad de los hombres  o del respeto al medio físico que resolver, pero observamos que existen sectores más avanzados de la sociedad, liberados de muchos prejuicios que no sólo imperan entre los grupos más conservadores, sino entre otros más progresistas de élite. Sin embargo, como ocurriera con los Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial, cuyos ciudadanos se consideraban los valedores de la democracia y los impulsores de la cultura en todas sus manifestaciones, un orgullo que transmitía su joie de vivre (su alegría de vivir en español) que todos sentíamos en películas como 'Cantando bajo la lluvia' o 'Un americano en París', que enamoraron a muchos cineastas de la Nouvelle Vague, especialmente, si nos referimos a los musicales y a Jacques Demy. Este espíritu está siendo sustituido en Occidente por el cinismo y la distopía con toques de pesimismo y depresión. 'Barrenderos espaciales' da por superada la revolución tecnológica que lleva de cabeza a amplios sectores de estas latitudes, y, no hablamos de los de más edad, sino de los que se sienten deprimidos si no se alienan con una vaso de whisky en la mano, mientras otros jóvenes intentan crear sus startups, sus apps o sus sitios en Instagram. En el lado oriental se colocan ya en la segunda revolución espacial, cogiendo la bandera de quienes denuncian la densidad de la basura espacial, que puede empezar a caernos en la cabeza pronto. Nosotros no tenemos tiempo para pensar en esto; bastante entretenidos estamos en contagiarnos y en denunciar a las autoridades que no pueden controlar a la industria farmacéutica (viejo problema) y cumplir sus planes de vacunación, cuando lo que pronostican los expertos en este tipo de residuos puede ser mucho peor.

Pero no sólo avanzan en esto, sino en el papel de los niños como portadores de la nanotecnología (¿es una metáfora o un simple juego de distracción?), o en la presentación en sociedad de un ser ambiguo sexualmente, no binario, un androide rudimentario que adopta finalmente la forma de una mujer con voz de hombre. Todos los protagonistas pertenecen a una clase social, la e los perdedores, los no-ciudadanos que cargan con los impuestos pero que no pueden acceder al Elysium , que un líder elitista y fanático que asocia la calidad moral de los individuos a su ADN, se crea la coartada para acabar con quien no se comulga con sus principios. Esta realidad que nos retrotrae a la época de Platón y Aristóteles en la que los hombres y mujeres, los habitantes de la polis y, como consecuencia, políticos en esencia, se dividían en ciudadanos con plenos derechos y no ciudadanos que soportaban todas las cargas. Es curiosa la atención que Jo Sung-hee dedica a los zapatos del comandante Kim Taeh ( un accesorio de la máxima importancia en los sectores jóvenes de la población), interpretado por Song Joong-ki, unas humildes zapatillas deportivas a las que siempre anda pegando las suelas; un joven que ha perdido a una hija adoptada mientras intentaba ganar dinero para la superviencia de los dos. Cuando su grupo salve la Tierra y a los terrícolas, comprará diez pares de este tipo de calzado.

Muy interesante. Disponible en Netflix.


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