Meteor Garden. Ling Her-Long. Crítica.

 



la novela gráfica como base; el nivel económico, en particular tecnológico, la ideología y la idiosincrasia de los pueblos como instrumento que da forma a la historia.


Crítica:


Si la forma es el fondo no cabe la menor duda de que Boys over Flowers del surcoreano Jun Ki-sang, y Meteor Garden de Ling Her-long, aún basándose en el mismo texto (una novela gráfica de 20 tomos de Yoko Kamio, 'No me lo digas con flores'/'Hana Dori Yango') tienen como resultado dos lecturas muy diferentes y como consecuencia dos películas distintas. La primera es un film fundacional que, aunque realizado en 2009, contribuye a la expansión de la llamada Ola Coreana, un neologismo que hace referencia a la expansión de la cultura de Corea del Sur desde comienzos de los 90 del siglo XX, milita en el glam británico del momento y contribuye a difundir la noción de masculinidad suave (Soft Masculinity). Cuatro jóvenes, interpretados por ídolos nacionales que han llegado a la cumbre de la carrera de los mitos que impulsan no solo la cultura, sino las marcas tecnológicas y científicas del país, modelo-cantante-actor-, forman un grupo que se autodenomina lo 4F (famosos, guapos, inteligentes y ricos), que, en este caso tienen el perfil de jóvenes adultos que se adecúan con dificultad a los alumnos de secundaria, cuyos estudios cursan. El cineasta chino selecciona otros momento del texto, y si bien en esencia se acerca bastante al film que llevó a la fama a Lee Min-ho, y recientemente a Hollywood,  la mirada sobre el grupo de jóvenes es bastante diferente, diferenciando en los gestos a los mayores de los menores de edad (acercamiento sexual sobre todo, más recatado en los segundos); como consecuencia, el film sigue la línea del amor romántico, puro y sincero de los dos protagonistas, más shakesperiana que cercana a la cuarta ola feminista de la película de 2009 (parece que los orientales sienten cierta atracción por 'Romeo y Julieta') especialmente Daoming Si y Dong Sanchai, interpretados por el jovencísimo y brillantísimo Dylan Wang, que interpreta un más que divertido e inteligente papel principal en 'La vida racional' de Hsu Fun-chu, realizada este mismo año 2021, y la simpática Shen Yue, de una estatura muy inferior, lo que hace emerger a Dylan como una Jirafa de 1,85 centímetros, que envuelve con sus brazos hasta casi hacer desaparecer a la chica.

En muchos aspectos no se diferencian demasiado las series coreanas y las chinas, que representan el modo de vida de las clases medias bajas y altas, los actuales Montesco y Capuleto enfrentados no por diferencias de familia, sino por estatus social y económico (en las películas se habla de los trabajadores y pequeños empresarios como plebeyos, clase inferior o gente de baja ralea). Mas allá de la extensión de las historias (entre 16 y 20 episodios en las coreanas, cincuenta en las chinas) hay muchas similitudes. Los ríos Han y Huanpung atraviesan inmensas metrópolis filiformes, Seúl y Sanghái, que reflejan en sus aguas las luces que proceden de miles de bombillas y neones multicolores, dando un aspecto mágico a la noche, en la que los habitantes de la pequeña península de Corea del Sur se emborrachan en zonas de copas como Itaewon, beben soju hasta perder el conocimiento y se llenan de kimchi, jimbap o jangjanmieong; los chinos también venden su gastronomía en las películas, en las que abundan los productos placement, una especie de publicidad encubierta de marcas occidentales (Appl, Mercedes, BMW, Chanel...), las élites leen, ven y oyen literatura, cine y música occidental; los hombres cargan sobre sus espaldas a sus compañeras, novias o amigas, cuando han bebido demasiado o se han lesionado. Si en algo se diferencian es en el diseño de vestuario, no tanto de peluquería, aunque la peculiaridad de los peinados de la novela gráfica de  Pyo, rizos extravagantes y curiosos, y de Si, trenzas y abalorios que dan a su cabeza la apariencia de una piña, se materializa de forma bien diferente. Mientras los coreanos venden moda, perfumes y gastronomía, y como consecuencia marcan tendencia, los chinos parecen intentar dar a la imagen una apariencia de cómic, muy graciosa en muchos momentos, pero más pegada a la tradición. Las clases altas toman bistec, vino y se sirven de cubiertos occidentales. El tema musical de apertura y cierre , For You, es interpretado en la secuencia final por el que entendemos que es su creador, acompañado de los 4F.

Desde la primera secuencia se produce un enfrentamiento entre los 4F (ricos y famosos) con la plebeya Dong Sanchai, a la que desprecia la madre de Si; la chica está firmemente convencida de una de las reflexiones de Tagore en el libro de Odas que la chica leyó para entender mejor la filosofía que esconde cada clase de té: "Si engarzas con oro las alas de un pájaro, nunca más volará al cielo." La talla de una persona no se mide por su estatus o clase social. Pero los coreanos son también muy críticos con su sociedad, quizá incluso más, aunque hay algo que impregna la ideología  visual de 'Meteor Garden', diferente a Boys over Flowers. Todos conocemos que China ha desarrollado su economía en un sistema de capitalismo de estado (para algunos la tiranía más exitosa del mundo), pero sus jóvenes (millonarios en Likes) frecuentan los mismos lugares que los del resto del mundo, -facebook, instagram, aunque tienen algunos sitios propios como los webchats-, compran funkos de sus ídolos, visitan Tinder para ligar, les gusta la música pop e indie, los chicos se pintan y se tiñen el pelo de diferentes colores y visten con ropas femeninas, aunque sus actitudes sean las propias del hombre y las chicas huyan del prototipo de joven fácil. Siguen teniendo citas, pero no proliferan las que organizan los padres casamenteros que tanto vemos en el cine surcoreano. Los jóvenes comienzan a formar empresas muy tecnologizadas, las startups, y estudian en las universidades el Principio de Destrucción Creativa de Schumpeter, de  tradición austriaca, que rompe con las tradiciones de los viejos empresarios; según este economista, en un círculo empresarial, el dirigente no siempre es emprendedor, sino que tiene que evolucionar constantemente y crear estructuras nuevas destruyendo las antiguas para conseguir sus objetivos. Los jóvenes protagonistas del film se apuntan a estas doctrinas y revolucionan los estándares vigentes, dando entrada a los nuevos emprendedores, con independencia del objeto de su producción. ¿Es esta la visión capitalista de China? No sabemos lo suficiente. Ellos creen que con cada depresión se pueden adquirir aptitudes nuevas, que acompañan a cada nuevo producto o modelo de negocio que genere beneficios, como ocurre con la familia de la protagonista y sus calamares a la brasa con una salsa de ocho sabores que los clientes jóvenes han convertido en viral.

Por último cabe preguntarse cuánto del confucionismo, el budismo o cualquier otra religión persiste en un país constitucionalmente aconfesional entre sus ciudadanos. No se muestran tan misógamos como ls surcoreanos, pero algunos piensan que quererse para siempre no es poseerse, sino recordar lo mejor del otro siempre. La protagonista hace alardes de pragmatismo y racionalidad, cuando reflexiona acerca del ramo con 520 flores que le ha regalado Si, un detalle caro que se marchita, pero las cuenta 800  veces cuando se percata de que falta una; no parece que sea fácil librarse de la emoción que produce ese sentimiento que llamamos amor, (algunas teóricas feministas lo llaman mal amor o lo definen como un constructo social), que lleva a los dos protagonistas a una huelga de hambre que están dispuestos a mantener hasta las últimas consecuencias. Aunque es muy interesante conocer el mundo que se está formando en el que estos nuevos ídolos, muy jóvenes, arrastran multitudes (muchos padres que tienen hijos adolescentes habrán empezado a ocuparse del tema), lo cierto es que cualquier visita a las grandes plataformas nos muestra el interés que despiertan, y China está dispuesta a jugar esta partida; en esta serie le sobraban dos episodios que con flashbacks rememoran al final los momentos más emotivos. Se puede decir con claridad que ha nacido una nueva estrella masculina: Dylan Wang, desconocida por todos los que siguen al margen de la evolución de un mundo que ya ha cambiado, en el que no de puede prescindir de más de la mitad de la población mundial.

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