El amor y otras drogas. Edward Zwick. Ficha de identificación y crítica.

 


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Ficha de identificación:


Título original: Love and Over Drugs
País: Estados Unidos
Año: 2002
Duración: 113 minutos

Dirección: Edward Zwick
Guion: Charles Randolph, basado en el libro de Jamie Reidy, Edward Zwick y Marshall Herskovitz
Casting: Victoria Thomas
Dirección de Fotografía: Steven Fierberg
Música: James Newton Howard
Edición: Steven Rosenblum
Dirección artística: Gary Kosko
Decoración del set: Meg Everist

Diseño de vestuario: Deborah Lynn Scott
Responsable de maquillaje: Vivian Baker
Estilista de peluquería: Cheryl Danuels

Productores: Pieter Jan Brugger, Marshall Herzkowitz, Charles Randolph, Scott Stuber, Edward Zwick
Productores ejecutivos: Arnon Milchan, Margaret Riley, 
Diseño de producción: Patty Podesta
Compañías productoras: Fox 2000 Pictures, Regency Enterprises, Dune Entertainment, Bluegrass Films, The Bedford Falls Company; distribuye Netflix


Reparto:


Jake Gyllenhaal: Jajamie Randall,
Anne Hathaway: Maggie Murdock,
Judy Greer: Cindy, 
Hank Azaria: Dr. Stan Azaria, 
Gabriel Macht: Trey Hannigan,
Oliver Platt: Bruce Wiston,
Katheryn Winnick: Lisa,
George Segal: Dr. James Randall,
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Sinopsis:


El relato se ubica a finales de los 90, y el protagonista, Jamie (Jake Gillenhaal) es un joven cuyo irresistible encanto funciona no solo con las mujeres, sino en el despiadado mundo de las ventas farmacéuticas y los visitadores médicos, una figura que todos conocemos, y en la que desemboca el joven, despedido por sus affaires amorosos en las empresas en las que trabaja. Un día, conoce en una clínica a Maggie (Anne Hathaway), una chica muy independiente que padece la enfermedad de Parkinson; la atracción es mutua y da pie a una relación muy particular. El film se basa en una historia real, la de Jamie Reidey, un vendedor de Pfizer (empresa farmacéutica que puso a la venta Viagra, y que hoy ha incrementado su notoriedad con la fabricación de la vacuna anti-COVID en la que la gente ha puesto su confianza), a finales del siglo pasado en Pittsburgh


Lo que se dice:



La prensa y el público recibieron este título, a cuyo frente se situaba Edward Zwick, realizador de 'Diamante de sangre' o 'El último samurái, algo de lo que luego hablaré, a pesar de las magníficas interpretaciones de Gillenhaal y Hatawai, dirigidos por un excelente cineasta, y con la participación de James Newton Howard en la creación de un escore musical que creaba la atmósfera adecuada. Esta reacción inexplicable, que despista a quien hoy acude a valoraciones de 2002 se pone de manifiesto en las notas medias que hacen públicas páginas muy visitadas como la española Filmaffinity , muy cicateras, 5,6, basada en una participación inusual de sus lectores, 19,124, una media que Imdb eleva considerablemente a 6,8, basada en una participación muy superior de sus lectores, 191000.

Los argumentos que dan los críticos  son peregrinos: película insólita (Javier Ocaña, diario 'El País'); romance aderezado de tópicos con la mirada puesta en los trapicheos farmacéuticos (Oti Rodríguez ;archante, diario ABC); film emborronado por unos secundarios poco creíbles (Andrea G. Bermejo, Cinemanía); poco adictiva (Sergi Sánchez, Diario La Razón); abarca muchas ideas no bien ligadas (Desiré de Fez, Fotogramas); un cóctel que, a veces fascina, a veces produce dolor de cabeza (Claudia Puig, USA Today)...


Crítica del blog:



Cuando ayer me dispuse a sentarme ante el televisor y mi ordenador descubrí que la mayor parte de las ofertas que me hacía la plataforma que más frecuento, Netflix, porque te abre nuevas ventanas al mundo, nuevos horizontes, dejando a un lado el servicio de enriquecimiento de fondos que incorporan películas de cualquier época desde el nacimiento del cine, me encontré con el hecho de que ya había consumido en mi larga trayectoria como bloguera la mayor parte de los films que se me ofrecían, hasta que di por azar con este relato de Edward Zwick, basado afortunadamente en una historia real, y la primera secuencia me convenció de que era justo lo que en mis circunstancias actuales necesitaba, y que mi colaboración en la construcción de la diégesis cinematográfica probablemente iba a diferir de quienes tienen otras experiencias o se encuentran en otro momento vital. El contexto, los personajes, las circunstancias las entendía y contribuían a una cierta paz y tranquilidad de mi ánimo; ya me ocurrió hace unos días que, descartando otras posibilidades di con un film dirigido por una mujer, Stacy Rukeyser,  Sexo/Vida, en el que se abordaba la relación entre un hombre y una mujer, de una educación, un estatus y una ideología bien diferente. Los críticos reaccionaron de la misma manera, y, al final, desconozco qué les molestaba más si la historia o el retrato con el que se veían más o menos identificados y no les gustaba. Lo mismo ocurre ahora, pero no hay que alarmarse: cada espectador ve un film diferente, porque cada uno de ellos tiene una mentalidad moldeada por su propia experiencia.

La actuación de Gyllenhaal, un actor apasionado, en cierta medida hierático, grave, y muy versátil, que ha cultivado todos los géneros, sorprende extraordinariamente, cuando lo vemos convertido en un encantador sinvergüenza, un ligón de manual, que respeta los deseos de sus amantes ocasionales femeninas, hasta que, haciendo gala de su habitual frivolidad entra en contacto con una joven, Maggie, interpretada por una magnífica Anne Hathaway, enferma de Parkinson con tan solo 26 años. Son sus atributos sexuales, su aspecto físico lo que le atraen, sin ser consciente de la grave coyuntura a la que se enfrenta entrando en un terreno tan comprometido. El director de 'Diamante de sangre', un film que avergonzó a las mujeres que atraviesan la alfombra roja en la gala de los Oscar y como consecuencia dejaron sus brillantes en casa, no muestra la cara amarga de la enfermedad, sino la pasión de dos amantes que van profundizando en su amor, sin detenerse a pensar en que la enfermedad que se interpone entre ellos no tiene cura y avanza inexorable. Las secuencias de sexo entre ellos son elegantes, mostrando junto al deseo sexual el amor de los amantes, que no solo practican sexo, momentos en los que no falta el humor a cargo de invitados indeseados, sino comparten momentos de trabajo. Finalmente, se plantea una cuestión extrapolable, que contempla todo aquello que puede separar a los amantes, y la decisión que finalmente tomarán: separarse y evitar que el amor se desgaste por una cotidianidad insoportable o vivir el momento, en el que lo que más desean es estar juntos. Habrá que ver la película para saber por qué opta Zwick, basado en una historia real, tan real como la que sufren miles de personas y que, probablemente no quepa dentro de la etiqueta de 'mal amor'.

Si es cierto que ocupa mucho tiempo en mostrar cómo funcionan las compañías farmacéuticas y especialmente Pfizer, que descubrió y lanzó la pastilla azul, la Viagra, algún antidepresivo que no pudo competir con Prozac, la corrupción de la clase médica, bien mediante viajes, sexo o dinero para que recetaran sus productos, y el enriquecimiento de algunos visitadores médicos en un país en el que la seguridad social no es universal. Lo que nadie podía predecir en 2002, ni siquiera los creadores de opinión, es el papel que iba a jugar este empresa, precisamente esta, en la primera pandemia global, que ha provocado un cuestionamiento también global de las estrategias económicas de estas compañías. Quizá los críticos que entonces se quejaron, ahora lo lamentarán. Un film interesante, humano, divertido, grave y con un final que, a pesar de lo que muchos piensen, puede ser mejor de lo que a simple vista parece. Yo la recomiendo; a pesar del tema que trata Zwick lsi bien lo aborda de tal manera que en lugar de hundir al espectador en la miseria le levanta el ánimo. No importa ser viejo, pobre, enfermo, si encuentras la persona con tal carga de humanidad, que  a pesar de su aparente superficialidad, pueda hacértelo olvidar.  ¿Fue esto lo que sucedió en la historia real? Quizá no importa tanto, es lo que nos traslada la ficción cinematográfica.


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