Titane. Julia Ducournau. Ficha técnica y crítica.

 


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CINEMA DU CORPS FRANCÉS AL SERVICIO DE LA TEORÍAS QUEER QUE DEFIENDE JUDITH BUTLER EN 'EL GÉNERO EN DISPUTA'



Ficha de identificación:


Título original: Titane
País: Francia; co-producción Francia/Bélgica
Año: 2021
Duración: 108  minutos

Dirección: Julia Ducournau (Crudo, 2016)
Guion: Julia Ducournau
Casting: Christel Baras
Dirección de Fotografía: Ruben Impens
Música: Jim Williams
Edición: Jean-Christophe Bouzy
Decoración del set: Axelle Le Dauphin

Productor: Jean-Christophe Reymond
Productor ejecutivo: Christophe Hollebeke
Diseño de producción: Laurie Colso
Compañías productoras: Kazan Productions, Frakas Productions

Reparto:


Vincent Lindon: Vincent,
Dominique Frot: Lady Macarena,
Agathe Rousselle: Alexia, 
Myriem Akeddiou: Madre de Adrian, 
Bertrand Bonello: Padre de Alexia,
...


Sinopsis:



Tras una serie de asesinatos, un pasre se reencuentra con su hijo, que ha estado desaparecido 10 años.


Lo que se dice: 


El  film ha sido bien valorado por la prensa, como reflejan la página española Filmaffinit que publica una nota media de 6,7, basada en 500 votos, una media que la norteamericana eleva a 7,1, según la valoración de 4,600 usuarios.


Crítica:



En la actualidad tropezamos discursivamente con una gran contradicción que no sabemos explicar, porque hemos olvidado la lección que nos dio Arnold Hauser en su 'Historia social de la literatura y el arte': si nuestras obras expresadas en diferentes lenguajes, ya sean pictóricos, literarios, musicales o cinematográficos, que combinan los otros tres anteriores, no tienen ninguna función, no se pueden considerar arte, no hay obra maestra. Así lo han demostrado todas aquellas manifestaciones del hombre que han tenido como vocación cambiar el mundo (Renacimiento, Nouvelle Vague o ahora el Hallyu u 'Ola Coreana', que quizá demuestre con mayor escándalo de la élites que se reúnen en Cannes, como se eliminan ciertas categorías sin recurrir al gore). La pregunta es : ¿Cuál es la función de Titane, cuyo protagonista es un act@r andrógin@, dirigido por una cineasta marcadamente femenina, -cejas realzadas con microblading, maquillajes de Dios, faldas vaporosas...- ?  Al confort innegable de las clases acomodadas se une la mirada colectiva y el momento en que se lanza un discurso, y en nuestro país las espadas están en alto y el ambiente, muy cargado, es, en ocasiones, irrespirable, construyendo una diégesis bastante diferente a la que nos vende la mexicana Maria Balaga (Cineuropa) para quien la película de Julia Ducournau demuestra que no está mal tener amor por tu coche, pero hay que usa anticonceptivos, una frase inserta en un texto relajado.

La controversia entre feministas y el movimiento LGTBQ (llamemos a las cosas por su nombre) y a los conservadores posmodernos y los progresistas, si los hay, se acercan a los relatos de realismo mágico, confundiendo las teorías de Judith Butler sobre la identidad de género con el 'Manifiesto Cyborg' de Donna Harawai, desembocando en aseveraciones bizarras como la de Pepa Blanes (Cadena SER), para quien la autora, no sólo se ha convertido en el enemigo de todas aquellas que han lanzado su bilis últimamente contra la ley trans, en España se entiende, sino que obstaculizan los intentos de  destruir las categorías y etiquetas que definen la identidad, entre ellas el sexo, la raza, el género. La cineasta francesa pone al frente de su historia una joven ambigua, andrógina, que, desde la primera secuencia que se muestra como una mujer adulta, fomenta la fantasía masculinista de una práctica del sexo que potencia la pulsión escópica a través del perreo en primer plano, una práctica muy extendida entre los jóvenes que, en el caso de los hombres CIS se acepta siempre que quede claro que quien los incita es una mujer, una cuestión que se hace explícita en las últimas secuencias, y que pone de relieve Julia Ducournau, no sus detractores. Unas imágenes ad usum de la élite que estiva en sus lujosos barcos y asisten al Festival que concede Palmas de Oro. En la calle el sentimiento es otro.

¿Película violenta? Si. Pero la violenta es una mujer, inspirada en el cine de Virginia Despentes, 'directora Tarantino',  dama de la literatura trash o sucia (Patrizia de Souza, Diario 'El País', 13 de enero de 2007)  y especialmente en Baise-moi, un thriller de carretera, una road-movie,  que refleja una especie de vacío existencial de sus personajes que se llena con sexo y violencia y un aliño de drogas y alcohol, pero en el que la protagonista sigue siendo la mujer que,  en  una explosión de un desenfreno orgiástico y fanático, asesina sin piedad a todos los hombres que se cruzan en su camino, hasta que acaba víctima de la violencia que ha engendrado. También mata a mujeres, pero, como Alexia, para robarles, si es necesario. Manuel Marquez opinaba que el escándalo es el recurso más rentable para lograr la igualdad con el sexo opuesto; ahora tenemos otro problema ¿ cuál es el sexo opuesto, si es legítimo, según Pepa Blanes, cambiarlo para huir de la ley? La identidad es algo que que cada cual construye. Alexia no se transforma porque quiere, sino por necesidad, según la directora , para no ser atrapada por la policía, un argumento que podía haber sido muy mal interpretado en caso de haber sido formulado por cualquier otra persona; cada uno es lo que quiere ser, y eso le ocurre a la protagonista que llega a creerse su nuevo rol, una mujer andrógina que practica el sexo con un coche, un acto del que se ofrecen imágenes de bondage, cercanas al sado (la mujer con las manos atadas fuertemente con cintas), una secuencia que no parece gratuita, sino que está concebida con la idea de denunciar los arquetipos y mostrarlos con el objetivo de destruirlos.

La cinematografía francesa tiene una interesante trayectoria en el 'cinema du corps' (el cine del cuerpo); el cuerpo se convierte en el eje en torno al cual gira todo, y especialmente el de la mujer (François Ozon, Paul Verhoeven...), como 'sobre' del alma, receptor de todas las violencias y dolores en la mujer, y del envejecimiento en el hombre, que se droga para mantener el vigor de su juventud. Unos y otros vulnerables, susceptibles al dolor y a los estereotipos sociales (arrugas, enfermedades, discapacidades...se dan en todas las edades, pero se potencian con los que inician su viaje antes, como afirma Juan Manuel Serrat), un sufrimiento que se hace explícito gratuitamente en diversas ocasiones y que, como afirma Nando Salvá (Diario 'El Periódico') nos hace retorcernos en la butaca e incluso taparnos la cara, momentos que imprimen su sello gore en un film que pretende ser de género pero también atraer a otros sectores desprevenidos y amantes del masoquismo y el horror y que acercan la película de Ducournau al cine de Despentes. Ángel Quintana, (Caimán. Cuadernos de cine) ve otros referentes y enlaza Titane con el momento final de Videodrome, donde desde una pantalla de televisión se daba la bienvenida a la nueva carne, que en la película de la francesa es la de una niña que tiene un accidente de coche y su carne es mitad biológica y mitad de titanio, por lo que su sexualidad pasa por hacer el amor con las máquinas y con los coches, una auténtica transformer, una psicópata que no puede tener deseo carnal, -algo que se pone en evidencia en una secuencia desencadenante de todo un proceso -. y destruye todo lo que sale a  su paso. Una transformación dolorosa que alude a la que sufren quienes no se sienten a gusto con sus cuerpos y los constriñen con vendas. Cine de culto para Javier Zurro de 'El Español, potenciado con una banda sonora pretenciosa que intenta vender el film como un producto de alta cultura.

Un híbrido de horror  movie y metal sci-fi, que sacrifica, según Ángel Quintana, el rigor interno en pro de una pomposa conceptualización formalista, preñada de giro caprichosos de guion, licencias narrativas e incoherencias dramáticas, así como de conceptos High Tech (alta tecnología) , puente entre el modernismo y el posmodernismo, entrelazados con androginia, figuras transgénero e identidades líquidas, algo de lo que hablamos habitualmente en el blog y que define la sociedad transversal, desideologizada y amarilla en que vivimos. Carne de hype folletinesco, envuelto en lujoso papel couché como 'alta cultura'. Hacer algo que no hubiera hecho nadie nunca, aunque fuera el gesto idiota que realiza Natalie Portman en Garden State  (Zach Braff, 2004), según Desiré de Fez (Fotogramas). Para Boyd Von Hoeij (The Hollywood Reporter)), el film se inscribe en la nueva onda francesa del cine queer, una nueva corriente francófona, con un nivel alegórico exagerado que conecta las preocupaciones de este colectivo con el cine de género de manera punky y transgresora, con la esperanza de alcanzar en el futuro lo  que no se consiguió en el pasado con películas filmadas en movimientos como el New French Extremity (Polo X, Baise-moi, High Tension...).

En resumen, una película llamada a conectar con una sensibilidad importante en el presente, que no oculta su voluntad de convertirse  en un accidente al borde de la carretera (estrepitoso cine de los márgenes, bien financiado y aplaudido por las elites?), mediante la fetichización corporal de las personas trans, y especialmente la transición masculina queer, simbolizada por los vendajes en el pecho, un movimiento que amenaza con fraccionar los movimientos feministas, algo que se desprende de las palabras de Pepa Blanes, citadas más arriba,

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