Crónicas de Navidad. Clay Kaytis. Ficha de identificación y crítica.

 


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UN POCO DE TURRÓN, UNA VEZ AL AÑO, A NADIE HACE DAÑO. COMO DECÍA MARY POPPINS "CON UN POCO DE AZÚCAR ESA PILDORA QUE OS DAN..."


Ficha de identificación:

Título original: The Christmas Chronicles
País: Estados Unidos
Año: 2018
Duración: 103 minutos
Género: comedia navideña

Dirección: Clay Kaytis
Guion: Matt Lieberman, David Guggenheim
Casting: Barbara J.McCarthy
Dirección de Fotografía: Don Burgess
Música: Christophe Beck
Edición: Dan Zimmerman
Dirección artística: Kimberley Zaharko
Decoración del set: Patricia Larman

Diseño de Vestuario: Luis Sequeira
Jefe de Departamento de peluquería: Stephanie Ingram
Jefe de Departamento de maquillaje: Leslie Ann Sebert

Productores: Michael Barnattan, Vhris Columbus, Mark Radcliffe
Productores ejecutivos: David Guggenheim, Monica Lago-Kaytis, Lyn Lucibello, Robin Meysinger, Michelle Miller, Tracy K.Price
Diseño: Paul D.Austerberry
Compañías productoras: 1492 Pictures, Madhouse Entertainment, Netflix, Ocean Blue Entertainment, Ontario Production Services Tax Credit; distribuye Netflix


Reparto:


Kurt Russell: Santa Claus
Carby Cam: Kate
Judah Lewis: Teddy
Oliver Hudson: Doug
Kimberly Williams-Paisley: Claire
Jesse Gervasi: Teddy de 3 años
David Kohlsmith: Teddy de 5 años
Jonathan Kim: estudiante coreano 1
John Koo: estudiante coreano 2


SINOPSIS:



Kate Pierce (Darby Camp) y su hermano Teddy (Judah Lewis) pretenden grabar a Papá Noel (Kurt Russell) en Nochebuena, Se montan a escondidas en su trineo y provocan un accidente que podría arruinar toda la Navidad. A partir de ese momento los hermanos vivirán junto a Papa Noel y sus fieles elfos una serie de aventuras para salvar la Navidad antes de que sea demasiado tarde.


LO QUE SE DICE:

Tenemos que aceptar de una vez que la Navidad es una convención, unos días en los que el hombre decide dejar de mirar la realidad, muy triste para algunos por diferentes causas que no hace falta explicitar, al tiempo que tenemos claro que muchos la rechazan mientras están haciendo reservas en restaurantes y espectáculos y pensando en la ropa que se van a poner, porque es un momento en que entre todos hemos convenido que hay que pasarlo bien, por eso sorprenden críticas como la de exigir que se cuenten historias gamberras de unas fiestas que, a pesar de su carácter cristiano,  han extendido por todo el orbe sus aspectos más laicos, haciendo hincapié en los aspectos lúdicos y comerciales, los que provocan el brilli-brilli luminoso y el abigarramiento en las calles, más espléndida donde el cielo añade la nieve. Ya se han hecho películas destructivas en la patria de Santa, como Rare Exports: Un cuento gamberro de Navidad, del finlandés Jalmari Helander (2010). Se habla de elementos tópicos y típicos, para alguno atractivos, tópicos manidos, cuando la Navidad es el triunfo de lo convencional, tradicional y típico, tanto que cualquier persona tan pronto como ve un árbol de forma cónica con dos bombillas, sabe que simboliza, además de conocer por el tamaño la clase del portador de los árboles, ahora artificiales: pequeño, según la capacidad económica del consumidor, más grande si este es rico, y enorme si lo encarga una institución, pública o privada. Incluso en algunos lugares los ciudadanos acuden en masa al encendido de las luces del totem que erige su Ayuntamiento. Stephen Snart  (The Guardian) afirma que 'se te perdonaría' (¿de quién habla?) si creyeras que esta película está hecha en 1992. ¿En qué ha cambiado la iconografía navideña desde entonces hasta ahora? ¿En que las guirnaldas, las bombillas y los árboles, ahora artificiales, se han extendido por todo el orbe? Vemos estos mismos adornos y símbolos en los países asiáticos. Charles Bramesco (AV Club) llega a decir que Kurt Russell debía haberse limitado a coger el cheque, pero no comprometerse con el papel.  Estas barbaridades se llegan a decir, cuando, como consecuencia de crisis económicas y sanitarias el mundo todavía no ha levantado cabeza, pero están aumentado, como en los dorados años 20 del siglo XX las reservas en hoteles, restaurantes y todo tipo de espectáculos en los mismos años XX del siglo XXI para estas fechas de Navidad y Fin de Año.  Al menos debían dejar en paz a quien los ve esquiar en las televisiones y cenar rodeados de bombillas.

En España, que somos mucho más exquisitos y estrictos en el descubrimiento de talentos cinematográficos que en Norteamérica, como si la Meca del Cine no estuviera en Los Ángeles (California), sino en Madrid, la página Filmaffinity da una media de  5,6, basada en el voto de 2,997 lectores, de modo que generen una mala conciencia por ver a un barbudo en un trineo que vuela, impulsado por dos renos, mientras que desde un plano cenital se ven las ciudades iluminadas, excepto en aquellos lugares en los que no tienen ni luz. Sería mucho mejor mirar hacia abajo y ver todo negro. Los Norteamericanos, generalmente más generosos que los españoles a la hora de calificar cualquier film o serie , califican 'Crónicas de Navidad' con un 7, basado en las valoraciones de 73,000 usuarios, un salto no solo cuantitativo, sino cualitativo, y mucho más cercano al sentimiento y la idiosincrasia de los ciudadanos de todo el mundo. La película de Jalmari Helander va mucho más allá del simple gamberrismo, y quizá a muchos no les gustaría.


CRÍTICA:


Antes que nada hay que advertir que 'Crónicas de Navidad' no es una más de las muchas películas navideñas que ofrecen hoy las plataformas de streaming, es un film de aventuras que enlaza con los que se vienen haciendo desde finales de la década de lo 70, que hace constantes cameos a los renovadores del cine americano, y por extensión, del mundo entero, especialmente a Lucas y Spielberg, los que en sus películas dieron protagonismo a la acción, la fantasía y la posibilidad de soñar de sus espectadores,  pero también de J.J.Abrams , un homenaje que recorre el film insistiendo en el valor constativo de la imagen: si consigo captar con mi Super8 a Santa Claus, puedo demostrar que existe. El film es un cuento de Navidad, y, al que le gusta leer, y quien ha visto y adora películas como 'Qué bello es vivir' del buenazo de Frank Kapra, al que respeto, 'El Grinch', o Polard Express de Robert Zemeckis (2004), sabe que todos los milagros y prodigios son posibles cuando todos se ponen de acuerdo para aceptar la convención.

Clay Katys crea un Papá Noel que se mueve entre la realidad y la ficción, un ser de otro mundo que sabe lo que se siente al vivir sin sueños, algo que los norteamericanos han experimentado en su piel por circunstancias históricas que todos conocemos, y quiere demostrar al mundo que el destino es ante todo una actitud ante la vida, y se empeña en hacer sentir a  unos niños desvalidos, que han perdido a su padre, un bombero que murió por salvar a otras personas, y los dejó solo en el mundo a cargo de su madre, que pueden salir adelante. Quisiera no creer que la animadversión viene de la no aceptación del cine de Lucas, Spielberg y como consecuencia de su alumno aventajado, J.J.Abrams; la historia, que dura casi dos horas, está bien contada, el tiempo transcurre sin apenas notarlo, y los tres actores principales están muy bien en su papel. No hay cenas de Navidad, ni riñas de familia, ni calles iluminadas o árboles en demasía. Solo tres personajes, un trineo, unos renos y unos cuantos elfos, a los que se añade algún personaje secundario, fundamentalmente policías y ladronzuelos. Con estos elementos, una buena dosis de imaginación, y un homenaje a sus maestros, el animador de Disney, realiza su primera película de imagen real, tras haber debutado en el largometraje con The Andry Birds Movie, una producción finlandesa-estadounidense en 3D, de animación por computadora. ¿Dónde quedan los convencionalismos y los tópicos de que se habla? ¿Sirve la Navidad para hacernos reflexionar en torno a la posibilidad de ser mejores? Probablemente no, y sólo hay que leer los periódicos y ver la televisión para entender que frente a los privilegios no hay tregua. Kurt Russell podía haber interpretado igual a un superhéroe cualquiera, el resultado hubiera sido parecido: dos horas de entretenimiento en torno a una historia que nos han contado desde niños. Un buen ejemplo de cine fantástico que pueden ver aquellos que, siendo ancianos, siguen oyendo el cascabel que dejó Santa Claus al protagonista de Polar Express como regalo.


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