Odio la Navidad (Miniserie TV). Davide Mardegan, Clemente de Muro. Ficha de identificación y crítica.

 


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REMAKE DE LA SERIE NORUEGA 'NAVIDAD EN CASA', UNA HISTORIA CONTEXTUALIZADA EN VENECIA


Ficha de identificación:


Título original: Odio il Natale
País: Italia
Año: 2022
Temporada 1, episodios 6, duración 37 minutos
Comedia navideña romántica

Dirección: Davide Mardegan, Clemente de Muro
Guion: Elena Bucaccio,  Viola Rispoli,  Silvia Leuzzi; adaptación de la serie noruega  'Navidad en casa', creada por Anna Gutto y Per Olav Sorensen
Casting: Stefania Valestro, Marco Matteo Donat-Cattin (u.i.c.d.), Rosella Fusco
Dirección de Fotografía: Armando Buttafava
Música: Michele Braga, Emanuele Bosi
Montaje: Davide Miele
Escenografía: Mauro Paradiso
Dirección artística: Giuliano La Spina

Vestuario: Monica Saracchini, Angelo Poretti


Productor: Luca Bernabei
Productores ejecutivos: Daniele Passani, Corrado Trionfera
Director de producción: Marco Servidei
Compañía productora: Lux Vide; distribuidora: Netflix


Reparto:


Pilar Fogliati: Gianna
Beatrice Arnera: Titti
Fiorenza Pieri: Margherita
Massimo Rigo: Pietro
Sabrina Paravicini: Marta
Simonetta Solder: 
Glen Blackhall: Umberto
Alan Cappelli Goetz: 
Alessio Praticò: Mario
Cecilia Bertozzi: Caterina
Andrea di Stefano: Dante Crisante
Giovani Anzaldo: Nicola


SINOPSIS:


La cena de Nochebuena se ha convertido en una pesadilla para Gianna, desde que tres años antes rompiera con su novio. Este año no quiere soportar de nuevo cenar entre los dos gemelos, hijos de su hermano, y decide engañar a su familia. El problema es que tiene que encontrar pareja en 24 días.


LO QUE SE DICE:


Apenas se ha ocupado de esta serie nadie. Solo Imdb aporta una nota media de 5,5, basada en tan solo 8 votos de sus lectores.


CRÍTICA:


Si alguien decide adentrarse en este título, yo le aconsejo que vea primero la serie original noruega, 'Navidad en casa', tiene el doble de episodios, 13 exactamente, pero son de 30 minutos, y narra una historia de misogamia, que recorre la espina dorsal de una familia en la que el silencio rodea la vida privada de cada uno de sus miembros, aunque no estalla en la 'celebración' como en la distopía del director danés Thomas Vinterberg. A pesar de que tiene cierto ADN de comedia, profundiza incluso más en la posición que tienen muchos millennials y hombres y mujeres que les precedieron por unos pocos años: el rechazo de la convivencia en pareja, la misogamia,  en cuyo análisis se han adentrado tanto las series coreanas. Esta resistencia a fundar un hogar y tener hijos, asumir unas responsabilidades en un momento de cambios que lleva a muchas y muchos a padecer una ansiedad generalizada y una inquietud constante repercute en un envejecimiento acelerado de la población. De este modo, el rechazo a unirse a otro para siempre, constituye el background de esta serie, una realidad que no palidece la luminaria de la Navidad.

El film no aprovecha lo suficiente el marco en que se ubica, la ciudad de Venecia; la mirada a esta polis sumergida es siempre distante, la iluminación, aunque presente, escasa y discreta, una serie de factores que podrían haber aprovechado sus directores para atraer a la prensa y al público, especialmente cuando tenían el handicap  de realizar una adaptación de una serie que consiguió notas medias que se acercaban a las de sus vecinos daneses de la época de Dogma 95, con unos actores perfectos en su papel. Davide Mardegan y  Clemente de Muro han vaciado la historia, la han cambiado de dirección, han abandonado, para bien o para mal, el espíritu navideño y tan solo se hace alusión al deseo de los venecianos de 'salvar la Navidad' saliendo a la búsqueda por los canales del niño que ha desaparecido del pesebre dejando desolados a sus padres, que van tras él en una góndola. En Estados Unidos 'salvar la Navidad' equivale a proteger sus relatos fantásticos, sus personajes irreales de Papá Noel o Santa Claus, y toda la parafernalia de luces, dulces, sonidos, cánticos, y proyección de los grandes almacenes,

Los actores tampoco dan la talla, ni logran conmover a sus espectadores con la ruptura constante de la cuarta pared de la protagonista apelando a su público y buscando su complicidad, ni tan siquiera conmueve con su contacto abnegado con dos pacientes. No hay final porque se supone que el espectador ya lo conoce, (ambas series están en Netflix). No obstante, la diégesis del relato contribuye a mostrar las diferencias entre la idiosincrasia europea y la de los países que bordean el Atlántico, especialmente en el Hemisferio Norte, desde Inglaterra a Norteamérica; menos luz, menos color, menos galletas y ninguna casa de Jengibre, apenas algún árbol de Navidad y muchos belenes (el film se ubica en Italia, donde se encuentra el Estado Vaticano, el templo del catolicismo), y no se menciona la Janucá o fiesta religiosa de los judíos que comienza el 18 de diciembre. La razón reside en que la mayor concentración de población judía se da en Estados Unidos, casi tantos residentes como en el estado de Israel, un país en el que muchos se refugiaron en su huida masiva de Europa durante el III Reich, a pesar de las dificultades que encontraban en su intento de salvar la vida. Una Navidad sin nieve, y por lo tanto sin muñecos blancos en la calle, y sin el exceso decorativo de países jóvenes como los países de América del Norte. Todo es más severo, más contenido, incluso en los escaparates de las tiendas. 

La serie se ve relativamente bien, pero tiene demasiado cerca a su predecesora, mucho mejor en todos los aspectos, tanto en la forma como en el fondo. Quien se adentre en ella al ver Venecia, quizá sufra una decepción, especialmente porque es una ciudad que no puede mejorar la creación de ningún marco en el que ubicar cualquier historia; solo hace falta mirarla mejor.

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