Medianoche en Asia. Crítica.

 



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Primera página de ¿Qué le pasa a la Secretaria Kim? de Kim Myeongmi y Jeong Gyeong Yun


Ficha de identificación, sinopsis, lo que se dice (Pinchad aquí)


UNA DOCUSERIE QUE NOS APROXIMA A LAS CIUDADES 'QUE NUNCA DUERMEN', QUE TRABAJAN EN INTENSAS JORNADAS DE DÍA Y SE DESAHOGAN IGUAL DE INTENSAMENTE POR LAS NOCHES. CIUDADES QUE NUNCA DESCANSAN, CON DJs DE 85 AÑOS.


La serie-documental  hace un recorrido por seis ciudades, comenzado por la que capitaliza el país que era, hasta la década de los 90 del siglo XIX, la nueva promesa de una vieja civilización, Japón, que sucumbió ante el peso de una población que se concentra en su capital Tokio, que reúne a 37 millones de personas, tan pronto como perdió su posibilidad de extenderse territorialmente ocupando países vecinos, al ser derrotada en la Segunda Guerra Mundial (Corea fue víctima de esta política, como lo son los palestinos de la política territorial de Israel). Del estado nipón salta a Corea del Sur y su capital Seúl, y se adentra en el análisis de la cultura que avanza con mayor rapidez y amaga convertirse en la primera potencia tecnológica mundial, venerada en la actualidad por su teórico competidor, que sigue teniendo el control de la investigación en inteligencia artificial: Estados Unidos. Tras estos dos países, muy significativos en el tablero mundial actual, el film salta a otros en proceso de desarrollo, pero muy por detrás de ellos: India y su capital Bombay; Tailandia, representada por Bangkok; Taiwán y su capital, Taipei, y finalmente Filipinas y su escaparate mundial: Manila. La docuserie no es una guía para turistas, sino un relato para viajeros atentos a lo que ocurre en su mundo, cada vez más amplio gracias a plataformas como Netflix, que ha roto las fronteras invisibles y ha dado total libertad a sus creadores; el espectador no tardará en darse cuenta que aquellos países menos afectados por la pandemia, de la que amplios sectores en Occidente los responsabilizan, llevan mascarilla en la calle, en los locales de ocio e incluso en los conciertos, en los que los músicos se la quitan sólo cuando no pueden usar sus instrumentos con lo que algunos llaman tapabocas.

El relato comienza con la que hasta ahora era la potencia dominante en Oriente, Japón, y se propone mostrarnos cómo comen, bailan o sueñan en las ciudades en las que la cámara se detiene. Desde la primera secuencia Tokio nos presenta un contraste casi insoportable: mientras una mujer de 85 años trabaja seis jornadas semanales y hace de Dj por las noches, una profesión que emprendió cuando tenía 78 años, los ricos de este país decadente y triste (recordemos la desesperanzadora metáfora de 'Puerta al verano' de Takahiro Miki, en la que el protagonista quería que los problemas lo pillaran durmiendo) se pasean por las carreteras que circundan la urbe más populosa del mundo en extravagantes y relucientes Lamborghinis tuneados, de colores brillantes metalizados, iluminados por neones y decorados con piedras que pretenden emular a los diamantes, una fantasía que veremos si son capaces de superar los criptoartistas y sus multiversos, un tema con el que se ha tratado de oscurecer el mayor desliz del subconsciente de una política populista por sus entusiastas seguidores. Un desliz que ha destapado la Caja de Pandora e la ignorancia de quien ha vivido al margen del nacimiento de una nueva era, que constituía la materia prima de los relatos de ciencia-ficción que las élites han despreciado. Hoy los grupos que defienden la música tradicional en los países asiáticos lo hacen, en muchas ocasiones, vestidos de superhéroes, especialmente imitando a los Vengadores.

Quien se siente al conducir un coche reluciente como un piloto de carreras, no necesita una inmersión en las cripto-lo que sea. Vive en primera persona su ficción cínica y particular. Entretanto las 'hormigas trabajadoras' japonesas se lanzan de noche a la calle para liberarse del estrés  y perderse en una ciudad que tiene casi tantos habitantes como España entera, para poder dar rienda suelta a su verdadera identidad. El segundo capítulo está dedicado a una civilización que avanza de manera imparable, un pequeño país, Corea del Sur, que ya comienza a notar el peso de la inmigración y que concentra en un territorio escaso, algo más de 100.000 km2, una población de 51,781,000, con una densidad de 516 habitantes por km2, incorpora a la velocidad del rayo conceptos nuevos. Cuando Occidente no acaba de entender qué significa la Hallyu Wave, los guionistas y realizadores de Midnight Asia introducen un concepto nuevo Newtro, que representa una combinación de lo  nuevo y lo retro, pero no como nuestro indie, claramente involucionista, sino como una forma de redescubrir el pasado para ofrecer a las nuevas generaciones la posibilidad de que lo reinterpreten. En la noche se deja de correr hacia adelante (metáfora de un grupo privado de corredores, creado por un Modelo/Dj/Atleta ,CPA, Club Privado de Atletismo, que va incrementando el número de socios que circulan por los puentes que salvan el río Han), y se busca la identidad individual en lugares en los que se puede comer, bailar y soñar, olvidándose del trabajo diario. La primera viñeta del cómic de Kim Myeongmi y Jeong Gyeong Yun, que ilustra este post no es gratuita. Muestra el lugar en el que los trabajadores de los grandes rascacielos buscan la paz, la conversación o la relación con los demás en las terrazas de estos edificios, una imagen que contrasta con la alienación que proporciona la noche o el descanso en los domicilios particulares.

El capítulo dedicado a Seúl hace un recorrido por los barrios más emblemáticos de la ciudad, para hablarnos de procesos de desarrollo de las ciudades que todos, más o menos conocen, pero que no está de más recordar. Seongsui-rod ( o Dong en otras transcripciones) es un barrio gentrificado, una especie de imagen en el espejo de Brooklyn). Antigua zona industrial, muestra sus orígenes en la convivencia de viejas fábricas con nuevas tiendas, bares, restaurantes y locales de ocio, una representación visual de lo NEWTRO, una zona intelectual en la que conviven lo viejo y lo nuevo. Donde se puede beber soju, cerveza, whisky o makgeolli, un licor tradicional hecho de arroz en cuya elaboración se usan técnicas modernas y se vende embotellado. Un logro del coreano, un ser callado e introvertido que busca el éxito en los negocios. Los realizadores del documental aprovechan la ocasión para introducir un término nuevo; se nos habla de qué significa anju, un término que representa la comida que acompaña a cada bebida: cerveza al pollo frito, makgeolli al kimchi (también soju, el principal producto que venden sus películas y series y que parece identificarles como pueblo). El siguiente barrio que se nos muestra es Itaewon, que ha merecido una serie, dirigida por Kim Sung-yoon, y un lugar donde se puede comer el mejor pollo frito con cerveza, una intrusión norteamericana en Corea: Ungteori Tongdak. El narrador nos cuenta cómo un observador atento puede ver en cualquier calle de la ciudad la expansión de la Ola Coreana o Hallyu, pero también movimientos alternativos como el que experimentan grupos que hacen música pansori, entre ellos Leenalchi, una forma de defender sus esencias. Tras pasar por el Mercado Nocturno de Hangdae, en el que se puede disfrutar de la gastronomía popular, el relato da un salto hacia el barrio más elegante de la ciudad, Gangnam, por el que circulan coches caros, gente seria que parece tener miedo a demostrar que les gusta algo, rutinaria, elegante, iluminada por leds y neones, habitantes de la ciudad azul, que contrasta con las empinadas calles que circundan este enclave elegante, que tiene un estilo propio, el Gangnam Stile, y que, como vimos en la multigalardonada 'Parásitos' de Bong Joon-ho, las casas más humildes se sitúan en las colinas que circundan el río Han, donde viven las clases trabajadoras más modestas, cuya iluminación más antigua les da un tono amarillo; cualquier vista aérea de esta ciudad me recuerda algunos carteles del trabajo de Josep Renaud en la ciudad de New York, su American Way of Life. Gangnam incorpora el mercado de Yeongdong, que suministra las hierbas que utiliza la medicina tradicional y cuenta con más de 1000 de tiendas y clínicas de medicina alternativa...

Tras pasar por la India, Tailandia o Taiwán, y sus capitales, en las que adquiere protagonismo la lucha LGTBI, con diferentes estadios de desarrollo en sus capitales, Bombay, Bangkok o Taipéi, y las colas de clientes en los lugares en los que se puede consumir comida popular, termina su recorrido en el país seleccionado que se encuentra en un estadio de desarrollo menos avanzado, a causa, según los protagonistas de la dominación española que les hizo pasar 300 años en el convento, y de que tan solo han disfrutado de 50 años de Hollywood. Comienza con el mundialmente conocido Festival de RAP Flip Top, en el que los concursantes muestran el retraso en el respeto a la mujer; el también célebre patio interior de viviendas misérrimas, The Tenement, en el que se celebran campeonatos de baloncesto callejero, del que disfrutan los inquilinos del edificio y sus amigos, la Gran Fiesta Gay y Trans Elefante, los modestos restaurantes en los que se puede disfrutar del lechón kawali, y lejos de estos enclaves la ciudad de los negocios, Macati. Nunca ha sido más real el aserto de que una imagen vale más que mil palabras  para entender cual es la posición de cada país en su carrera por alcanzar el vellocino de oro, que al parecer simboliza la llegada de la ganadería a Grecia desde el Este o el descubrimiento del trigo dorado al sol, que salvaron al pueblo de la miseria.

El documental nos da la oportunidad de, siguiendo el ejemplo coreano que se acuña con el término NEWTRO, observar, desde la perspectiva actual, de dónde venimos y hacia dónde vamos, dejando de agazaparnos tras el mito de que estos orientales comen muerciélagos, son atrasados, dóciles y manipulados por el poder. Cuando vemos a los jóvenes de los países seleccionados (falta el gigante, China) cuidando de su salud y de la de todos los demás nos entran serias dudas al respecto del lugar que ocupamos en este camino hacia el progreso de la humanidad y la salvación de nuestro planeta. No todos los países que contempla la cámara están en el mismo estadio de ese desarrollo lo que nos permite observar las consecuencias de algunos hábitos indeseables que muchos no han podido superar. El documental nos ayuda a ser más viajeros que turistas.

Disponible en Netflix. 

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