El sótano de Ma.Tate Taylor. Crítica.






Ficha técnica, sinopsis, lo que se dice (Pinchad aquí)



El director de 'Criadas y señoras', 2011 y  'La chica del tren', 2016, realiza un film multigenérico y multireferencial, una historia de venganza que se sitúa entre el thriller, protagonizado por una mujer que sufrió una agresión siendo adolescente y  quedó profundamente marcada por el resentimiento y el rencor y dominada por la sed de venganza, un cine de terror psicológico "poeniano". No falta quien quiere ver la influencia de Misery (Rob Reiner, 1990), o de Carrie (Brian de Palma, 1976), dos filme de culto en los que  el nexo que las une es la enajenación mental de unas mujeres por causas bien diferentes; una quiere poseer y dominar a un escritor al que admira, identificándose hasta tal punto con el personaje creado por él,  Misery, que decide secuestrar al autor y obligarlo a reescribir el último libro de una saga en el que mata a este personaje con el objetivo de pasar página y buscar la inspiración en otros temas. La segunda, protagonista de una High School Movie de terror, es víctima de una madre reaccionaria, un icono de la sociedad patriarcal, muy religiosa, que convierte a su hija en el resto de un pasado que no comprenden ni asimilan sus crueles compañeros de aula. La única relación entre ellas es que el personaje principal es femenino, su background es la venganza, y se basan en novelas de Stephen King. Las tres actúan movidas por el deseo de venganza, si bien las causas de su resentimiento son diferentes.

Tate Taylor, a pesar de las poderosas compañías que lo respaldan, - la productora Blumhouse Productions y la distribuidora Universal Pictures -, opta por un retroceso aparente a las épocas de esplendor del cine de terror en las décadas de los 80 y los 90, a la apariencia de serie B, sin atreverse a profundizar en esta opción, pero huyendo de los espectaculares sustos que protagonizan las películas de género actuales, a los que contribuyen bandas sonoras muy potentes y un control total del timing, y abandonando la construcción de símbolos y metáforas de inspiración lovecraftiana, volviendo su mirada a constructos inspirados en Edgar A.Poe, que también marcan el cine de Ari Aster, -Hereditary y en menor medida Midsommar, que evoca 'The Wicker Man', un film en el que Robin Hardy convertía en inquietante un lugar en teoría paradisíaco -, en los que la casa se convierte en  la réplica psicológica de su inquilino, inhibiendo y asustando al que la visita por primera vez. Inspirado en filmes como 'La caída de la casa de Usher' (Roger Corman, 1960), el director divide los espacios del hogar de Ma según su significación en el relato: su casa, situada en un claro de un bosque en el que emerge como una representación de la protagonista, muestra su fachada, en ocasiones luminosa y otras lúgubre, como la máscara tras la que se esconde su propietaria, identificándose con ella; la primera vez que acude el grupo de jóvenes estudiantes, invitados por esta mujer, sienten inquietud y escalofríos. La trama se desarrolla en tres espacios, distribuidos verticalmente: el sótano, la planta baja que distribuye las estancias y el piso de arriba que equivale al desván `poeniano', el piso más alto donde se alojan la funciones de la consciencia del cerebro rector, donde Ma guarda el secreto más terrible y planifica sus acciones, dotando a este lugar del carácter de cerebro rector de la Casa. El sótano, que da nombre al film , donde reside el inconsciente y emergen los instintos, es el lugar en el que los rencores de Ma se traducirán en acciones que diseña y prepara en la parte más alta de la casa, y donde se producirá el desenlace de la historia. Un esquema de manual, perfectamente concebido.

En la estructura profunda, reside la causa del rencor de Ma, que tiene mucho más que ver con la discriminación racial que con la división de la sociedad en clases, con la pertenencia de la mujer a una raza que en el pasado fue esclava y que sigue siendo reconocible por el color de su piel, que la convierte en objetivo fácil de los desmanes de la white trash americana, que habita, como en los tiempos de los colonos, en suburbios en los que predominan las frágiles casas de madera aisladas, lugares en los que no sólo prenden con facilidad los incendios, sino que son presa fácil de huracanes y tornados, y en los que la imaginación popular sitúa todo tipo de seres de otras dimensiones, espíritus de los antiguos propietarios, nativos de las tierras ocupadas que buscan venganza contra quienes no respetaron sus asentamientos y construyeron sobre sus cementerios; los opresores pertenecen a la misma clase social que Sue Ann/Ma, pero no la tratan como a una persona, sino como a un animal sin alma. Una realidad que Tate Taylor convirtió  en la base argumental de 'Criadas y señoras', con un desenlace menos cruel. Un estudio de emociones poco convincente para John DeFore (The Hollywood Reporter)

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