Mujercitas. Greta Gerwig. Crítica.



EN LA ÉPOCA TRANSVERSAL, EL CINE TRANSVERSAL


Antes de pasar al análisis del film que dirige Greta Gerwig hay que tener en cuenta dos aspectos. El primero es que la película, por mucho que se adscriba al catecismo indie y se rodee de actores muy representativos del género, entre ellos Saoirse Ronan, Laura DernLouis Garrel..., y el recién incorporado a la atmósfera indieTimothée Chalamet, (Call My By your Name), un joven petimetre, que va saltando de acá para allá desvirtuando incluso el  valor social que siempre lleva implícita la escena de baile de cualquier historia, que permite establecer mediante el juego de gestos y miradas, ya penetrantes, ya esquivas, las relaciones inconfesas de los participantes en este entretenimiento. A ello se añade el hecho de que, tan pronto se apagan las luces del cine y se ilumina la pantalla, vemos cómo se deshace, como un azucarillo en un café humeante, el rimbombante lema de los indies: Do It Yourself' (Hazlo tu mismo). La espectacular representación de los logos de SONY, Columbia o New Regency Pictures, empuja a la penumbra cualquier otra pequeña que pueda colaborar en el proyecto (lo de pequeña o grande, cuando hablamos de empresas secundarias es relativo en la vida real). A todo ello se une el glamour que acompaña al más caro de los productos mainstream, también llamado blockbuster peyorativamente: el encargo del casting a personajes tan sobresalientes como Francine Maisler  o Katy Discroll, del score de la película al más cotizado de los músicos de cine de la actualidad, Alexandre Desplat, y la contratación para papeles secundarios de actores consagrados, que se encuentran al final de su vida artística, Meryl Streep o Bob Odenkirk.

Partimos, pues, que del indie sólo conserva la distancia, la frialdad y el apego a lo cotidiano, una forma de mirar, limpia pero aséptica, que la separa de otras adaptaciones como 'Madame Bovary' de Claude Chabrol, o 'Las Hermanas Brontë' de André Techiné, pasando por alto las múltiples versiones de novelas de Jane Austen, incluida la que hace Joe Wright que no sólo conoce la forma de generar emoción, sino que con dos breves pinceladas y un conocimiento de la imagen, el director que ha dedicado la mayor parte de su filmografía a las mujeres las sitúa en su contexto de forma magistral; es cierto que los indies desprecian estos aspectos que consideran grandilocuentes y alejados de los intereses de la gente, pero, tras ver 'Mujercitas' no sabemos cuál es la situación social de la familia March, salvo que la establezcamos por comparación con el vecino que ha perdido una hija y es más rico que ellas. Vistas las cosas así, si nos comparamos con Zuckerberg, más del 99 % somos pobres, lo cual no nos sitúa ni entre el lumpen, ni en la clase trabajadora, la media y la rica, en que ahora los expertos nos dividen. Pero no se puede llegar a la locura de presentar a una mujer que negocia personalmente el contrato de su libro con su editor, Joe March (Saoirse Ronan), y termina exigiendo mantener la propiedad de su copyright , apoyándose, se supone, en la Copyright Act (aunque declara confesar que desconoce qué es eso), que el Congreso de Estados Unidos promulgó en 1790, con una protección de 14 años, prorrogables por otros 14 si el autor seguía vivo (lo que dice mucho de la esperanza de vida de la época), mientras que muchas de sus compañeras europeas, entre ellas Mary Shelley, Emily Dickinson o las Hermanas Brontë, no sólo publicaron muy pocos libros, mucho más oscuros que 'Mujercitas', sino que más de una vez hubieron de soportar que se hiciera con el nombre de unos maridos que se encargaban de las negociaciones. Se me podrá decir que Jo March era soltera, pero estaba bajo la patria potestad de su padre, un hombre aparentemente muy liberal, del que no se da ninguna información. Pero lo que ya no es de recibo es que el guión cree un diálogo imaginando que la chica es George Lucas negociando con Alan Ladd Jr, en la que el segundo exigiera la libertad de hacer precuelas, secuelas, o spinoffs

Hay  quien habla de que Greta crea un ambiente propicio para el nacimiento de la inspiración literaria en unas chicas mucho más involucradas en asuntos amorosos (algo muy normal entre ellos y ellas durante la adolescencia), y que dirigen su inspiración creativa hacia las bellas artes, las únicas que había en el momento (lástima que no haya podido hacer de una de ellas esa cineasta que hiciera precuelas o secuelas): la pintura, la música y la literatura. En ningún momento una chica de ahora puede sentirse identificada con el arquetipo de las 'mujercitas', con la excepción de algunas fans del indie. La escritura cinematográfica no sólo tiene como resultado un raro y nuevo clasicismo , como afirma Luís Martínez (diario 'El Mundo), sino que crea una diégesis plana, sin emoción, soporífera (no ir al cine al atardecer, ni acomodarse en una butaca, si no se busca acabar durmiendo), hasta que muy al final, la dura Jo March, que tiene todo el derecho del mundo a hacer de su vida lo que quiera, se eche en manos de Louis Garrel, en una escena que evoca, con los papeles cambiados, el final de 'Un hombre tranquilo' de John Ford, mucho más incorrecta, imposible en la actualidad, pero que representa a una mujer que es 'muy' dueña de su vida, y, si al final se deja llevar a rastras, es sencillamente porque eso es lo que le apetece, Era fácil observar que la nostalgia se había instalado en cabecitas de todas las edades que añoraban un libro escrito por una chica que habla para chicas, mucho menos exigentes que las que protagonizan la 'cuarta ola feminista'. 


Nos limitamos a dar nuestra opinión, pero no somos partidarios de poner puntuaciones ni colorcitos, porque cada espectador aporta su propia experiencia y su gusto personal. En la sala, unos aplaudieron y otros dejaron las manos quietas. No obstante, es algo incuestionable que es una película que se debe ver si queremos saber qué se mueve en las altas esferas del nuevo cine el que parece que sustituye a quienes renovaron el séptimo arte en la década de los 70; es bastante probable que el compañero de Greta, que contó con ella en sus películas como su actriz-fetiche, salga premiado en los Óscars por 'Historia de un matrimonio'; Noah Baumbach y Greta Grewick son las figuras más representativas del indie actual y es importante tener opinión.

Antes de pasar al análisis del film que dirige Greta Gerwig hay que tener en cuenta dos aspectos. El primero es que la película, por mucho que se adscriba al catecismo indie y se rodee de actores muy representativos del género, entre ellos Saoirse Ronan, Laura DernLouis Garrel..., y el recién incorporado a la atmósfera indieTimothée Chalamet, (Call My By your Name), un joven petimetre, que va saltando de acá para allá desvirtuando incluso el  valor social que siempre lleva implícita la escena de baile de cualquier historia, que permite establecer mediante el juego de gestos y miradas, ya penetrantes, ya esquivas, las relaciones inconfesas de los participantes en este entretenimiento. A ello se añade el hecho de que, tan pronto se apagan las luces del cine y se ilumina la pantalla, vemos cómo se deshace, como un azucarillo en un café humeante, el rimbombante lema de los indies: Do It Yourself' (Hazlo tu mismo). La espectacular representación de los logos de SONY, Columbia o New Regency Pictures, empuja a la penumbra cualquier otra pequeña que pueda colaborar en el proyecto (lo de pequeña o grande, cuando hablamos de empresas secundarias es relativo en la vida real). A todo ello se une el glamour que acompaña al más caro de los productos mainstream, también llamado blockbuster peyorativamente: el encargo del casting a personajes tan sobresalientes como Francine Maisler  o Katy Discroll, del score de la película al más cotizado de los músicos de cine de la actualidad, Alexandre Desplat, y la contratación para papeles secundarios de actores consagrados, que se encuentran al final de su vida artística, Meryl Streep o Bob Odenkirk.

Partiendo, pues, que del indie sólo conserva la distancia, la frialdad y el apego a lo cotidiano, una forma de mirar, limpia pero aséptica, que la separa de otras adaptaciones como 'Madame Bovary' de Claude Chabrol, o 'Las Hermanas Brontë' de André Techiné, pasando por alto las múltiples versiones de novelas de Jane Austen, incluida la que hace Joe Wright que no sólo conoce la forma de generar emoción, sino que con dos breves pinceladas y un conocimiento de la imagen, el director que ha dedicado la mayor parte de su filmografía a las mujeres, las sitúa en su contexto de forma magistral; es cierto que los indies desprecian estos aspectos que consideran grandilocuentes y alejados de los intereses de la gente, pero, tras ver 'Mujercitas' no sabemos cuál es la situación social de la familia March, salvo que la establezcamos por comparación con el vecino que ha perdido una hija y es más rico que ellas. Vistas las cosas así, si nos comparamos con Zuckerberg, más del 99 % somos pobres, lo cual no nos sitúa ni entre el lumpen, ni en la clase trabajadora, la media y la rica, en que ahora los expertos nos dividen. Pero no se puede llegar a la locura de presentar a una mujer que negocia personalmente el contrato de su libro con su editor, Joe March (Saoirse Ronan), y termina exigiendo mantener la propiedad de su copyright , apoyándose, se supone, en la Copyright Act (aunque declara confesar que desconoce qué es eso), que el Congreso de Estados Unidos promulgó en 1790, con una protección de 14 años, prorrogables por otros 14 si el autor seguía vivo (lo que dice mucho de la esperanza de vida de la época), mientras que muchas de sus compañeras europeas, entre ellas Mary Shelley, Emily Dickinson o las Hermanas Brontë, no sólo publicaron muy pocos libros, mucho más oscuros que 'Mujercitas', sino que más de una vez hubieron de soportar que se hiciera con el nombre de unos maridos que se encargaban de las negociaciones. Se me podrá decir que Jo March era soltera, pero estaba bajo la patria potestad de su padre, un hombre aparentemente muy liberal, del que no se da ninguna información. Pero lo que ya no es de recibo es que el guión cree un diálogo imaginando que la chica es George Lucas negociando con Alan Ladd Jr, en la que el segundo exigiera la libertad de hacer precuelas, secuelas, o spinoffs

Hay  quien habla de que Greta crea un ambiente propicio para el nacimiento de la inspiración literaria en unas chicas mucho más involucradas en asuntos amorosos (algo muy normal entre ellos y ellas durante la adolescencia), y que dirigen su inspiración creativa hacia las bellas artes, las únicas que había en el momento (lástima que no haya podido hacer de una de ellas esa cineasta que hiciera precuelas o secuelas): la pintura, la música y la literatura. En ningún momento una chica de ahora puede sentirse identificada con el arquetipo de las 'mujercitas', con la excepción de algunas fans del indie. La escritura cinematográfica no sólo tiene como resultado un raro y nuevo clasicismo , como afirma Luís Martínez (diario 'El Mundo), sino que crea una diégesis plana, sin emoción, soporífera (no ir al cine al atardecer, ni acomodarse en una butaca, si no se busca acabar durmiendo), hasta que muy al final, la dura Jo March, que tiene todo el derecho del mundo a hacer de su vida lo que quiera, se eche en manos de Louis Garrel, en una escena que evoca, con los papeles cambiados, el final de 'Un hombre tranquilo' de John Ford, mucho más incorrecta, imposible en la actualidad, pero que representa a una mujer que es 'muy' dueña de su vida, y, si al final se deja llevar a rastras, es sencillamente porque eso es lo que le apetece, Era fácil observar que la nostalgia se había instalado en cabecitas de todas las edades que añoraban un libro escrito por una chica que habla para chicas, mucho menos exigentes que las que protagonizan la 'cuarta ola feminista'. 


Nos limitamos a dar nuestra opinión, pero no somos partidarios de poner puntuaciones ni colorcitos, porque cada espectador aporta su propia experiencia y su gusto personal. En la sala, unos aplaudieron y otros dejaron las manos quietas. No obstante, es algo incuestionable que es una película que se debe ver si queremos saber qué se mueve en las altas esferas del nuevo cine el que parece que sustituye a quienes renovaron el séptimo arte en la década de los 70; es bastante probable que el compañero de Greta, que contó con ella en sus películas como su actriz-fetiche, salga premiado en los Óscars por 'Historia de un matrimonio'; Noah Baumbach y Greta Grewick son las figuras más representativas del indie actual y es importante tener opinión.

Ficha técnica, sinopsis, premios, lo que se dice (Pinchad aquí)



Crítica:



Antes de pasar al análisis del film que dirige Greta Gerwig hay que tener en cuenta dos aspectos. El primero es que la película, por mucho que se adscriba al catecismo indie y se rodee de actores muy representativos del género, entre ellos Saoirse Ronan, Laura Dern, Louis Garrel..., y el recién incorporado a la atmósfera indieTimothée Chalamet, (Call My By your Name), un joven petimetre, que va saltando de acá para allá desvirtuando incluso el  valor social que siempre lleva implícita la escena de baile de cualquier historia, que permite establecer mediante el juego de gestos y miradas, ya penetrantes, ya esquivas, las relaciones inconfesas de los participantes en este entretenimiento. A ello se añade el hecho de que, tan pronto se apagan las luces del cine y se ilumina la pantalla, vemos cómo se deshace, como un azucarillo en un café humeante, el rimbombante lema de los indies: Do It Yourself' (Hazlo tu mismo). La espectacular representación de los logos de SONY, Columbia o New Regency Pictures, empuja a la penumbra cualquier otra pequeña que pueda colaborar en el proyecto (lo de pequeña o grande, cuando hablamos de empresas secundarias es relativo en la vida real). A todo ello se une el glamour que acompaña al más caro de los productos mainstream, también llamado blockbuster peyorativamente: el encargo del casting a personajes tan sobresalientes como Francine Maisler  o Katy Discroll, del score de la película al más cotizado de los músicos de cine de la actualidad, Alexandre Desplat, y la contratación para papeles secundarios de actores consagrados, que se encuentran al final de su vida artística, Meryl Streep o Bob Odenkirk.

Partiendo, pues, que del indie sólo conserva la distancia, la frialdad y el apego a lo cotidiano, una forma de mirar, limpia pero aséptica, que la separa de otras adaptaciones como 'Madame Bovary' de Claude Chabrol, o 'Las Hermanas Brontë' de André Techiné, pasando por alto las múltiples versiones de novelas de Jane Austen, incluida la que hace Joe Wright que no sólo conoce la forma de generar emoción, sino que con dos breves pinceladas y un conocimiento de la imagen, el director que ha dedicado la mayor parte de su filmografía a las mujeres, las sitúa en su contexto de forma magistral; es cierto que los indies desprecian estos aspectos que consideran grandilocuentes y alejados de los intereses de la gente, pero, tras ver 'Mujercitas' no sabemos cuál es la situación social de la familia March, salvo que la establezcamos por comparación con el vecino que ha perdido una hija y es más rico que ellas. Vistas las cosas así, si nos comparamos con Zuckerberg, más del 99 % somos pobres, lo cual no nos sitúa ni entre el lumpen, ni en la clase trabajadora, la media y la rica, en que ahora los expertos nos dividen. Pero no se puede llegar a la locura de presentar a una mujer que negocia personalmente el contrato de su libro con su editor, Joe March (Saoirse Ronan), y termina exigiendo mantener la propiedad de su copyright , apoyándose, se supone, en la Copyright Act (aunque declara confesar que desconoce qué es eso), que el Congreso de Estados Unidos promulgó en 1790, con una protección de 14 años, prorrogables por otros 14 si el autor seguía vivo (lo que dice mucho de la esperanza de vida de la época), mientras que muchas de sus compañeras europeas, entre ellas Mary Shelley, Emily Dickinson o las Hermanas Brontë, no sólo publicaron muy pocos libros, mucho más oscuros que 'Mujercitas', sino que más de una vez hubieron de soportar que se hiciera con el nombre de unos maridos que se encargaban de las negociaciones. Se me podrá decir que Jo March era soltera, pero estaba bajo la patria potestad de su padre, un hombre aparentemente muy liberal, del que no se da ninguna información. Pero lo que ya no es de recibo es que el guión cree un diálogo imaginando que la chica es George Lucas negociando con Alan Ladd Jr, en la que el segundo exigiera la libertad de hacer precuelas, secuelas, o spinoffs

Hay  quien habla de que Greta crea un ambiente propicio para el nacimiento de la inspiración literaria en unas chicas mucho más involucradas en asuntos amorosos (algo muy normal entre ellos y ellas durante la adolescencia), y que dirigen su inspiración creativa hacia las bellas artes, las únicas que había en el momento (lástima que no haya podido hacer de una de ellas esa cineasta que hiciera precuelas o secuelas): la pintura, la música y la literatura. En ningún momento una chica de ahora puede sentirse identificada con el arquetipo de las 'mujercitas', con la excepción de algunas fans del indie. La escritura cinematográfica no sólo tiene como resultado un raro y nuevo clasicismo , como afirma Luís Martínez (diario 'El Mundo), sino que crea una diégesis plana, sin emoción, soporífera (no ir al cine al atardecer, ni acomodarse en una butaca, si no se busca acabar durmiendo), hasta que muy al final, la dura Jo March, que tiene todo el derecho del mundo a hacer de su vida lo que quiera, se eche en manos de Louis Garrel, en una escena que evoca, con los papeles cambiados, el final de 'Un hombre tranquilo' de John Ford, mucho más incorrecta, imposible en la actualidad, pero que representa a una mujer que es 'muy' dueña de su vida, y, si al final se deja llevar a rastras, es sencillamente porque eso es lo que le apetece, Era fácil observar que la nostalgia se había instalado en cabecitas de todas las edades que añoraban un libro escrito por una chica que habla para chicas, mucho menos exigentes que las que protagonizan la 'cuarta ola feminista'. 


Nos limitamos a dar nuestra opinión, pero no somos partidarios de poner puntuaciones ni colorcitos, porque cada espectador aporta su propia experiencia y su gusto personal. En la sala, unos aplaudieron y otros dejaron las manos quietas. No obstante, es algo incuestionable que es una película que se debe ver si queremos saber qué se mueve en las altas esferas del nuevo cine el que parece que sustituye a quienes renovaron el séptimo arte en la década de los 70; es bastante probable que el compañero de Greta, que contó con ella en sus películas como su actriz-fetiche, salga premiado en los Óscars por 'Historia de un matrimonio'; Noah Baumbach y Greta Grewick son las figuras más representativas del indie actual y es importante tener opinión.

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