Tenet. Christopher Nolan. Crítica.



FIN DE ERA. TENET, DE MOMENTO, SÓLO EN CINES


FICHA TÉCNICA, SINOPSIS, LO QUE SE DICE  (PINCHAD AQUÍ).


Con un elenco de lujo (John David Washington, Robert Pattinson, Elizabeth Debicki, Kenneth Branagh o Aaron Taylor Johnson), y un equipo técnico de igual categoría (John Papsidera, casting; Hoyte van  Hoytema, director de Fotografía que entiende lo que se cuece en la materia gris del inglés (Interestellar, 2014;  Dunkerque, 2017; Ad Astra, 2019); la brillante montadora que contribuye al espectáculo, Jennifer Lame, y el músico sueco Ludwig Göranson (Black Panther, 2018, Venom, 2018), vuelve a la gran pantalla Christopher Nolan, y lo hace con la película que solo un hombre inteligente puede hacer en un momento crepuscular de la Tierra que hemos agotado,  en medio de una pandemia, cundo la gente huye de los cines por temor y algunos mediocres creen que ha llegado su oportunidad de dar el salto a las salas oscuras con un cine costumbrista y lleno de anécdotas, que pretenciosamente llaman de autor.Las grandes compañías están reteniendo sus producciones para estrenarlas cuando el gran público pueda volver a las salas.




Cuadrado Sator, multipalíndromo

Christopher Nolan reaparece con una película que tiene un título muy preciso, TENET, una palabra que constituye un palíndromo y que anuncia el tema nuclear del film, lleno de homenajes a los cineastas que le hicieron amar el cine, tanto clásicos como innovadores, en especial George Lucas, y nos advierte con un lenguaje poético, metonímico y lleno de metáforas, que cada generación debe salvar su mundo, y que, aún aceptando que la sociedad con frecuencia retrocede, una involución que nos retrotrajera al pasado, sin poder avanzar hacia el futuro, sería catastrófica en el momento actual. La mayoría camina hacia el precipicio, como en el libro de Salinger, aunque todavía le queda algún que otro guardián entre el centeno de su generación, algún idealista como el que protagoniza esta historia, al que no se le ha asignado un nombre determinado, figurando en los créditos como 'el protagonista' (atentos a su afirmación final), interpretado por el hijo de Denzel Washington,  que desempeña el film de personaje principal en el film de otro de los grandes del medio, Spike Lee, 'Infiltrados en el KKKlan.

El temor que albergamos de que se acaba la existencia, como la  hemos conocido hasta ahora, (algunos negacionistas se resisten a reconocerlo; espectacular secuencia en la que unos terroristas que paradójicamente luchan con ellos mismos, asesinan a los múltiples asistentes a la representación de una ópera, previamente adormecidos con gases. Cada imagen tiene una gran carga semántica), es ya tan global como lo fue en su momento la deslocalización de las empresas, la globalización de la economía, la primera crisis económica, y ahora la primera pandemia mundial, que empezamos a temer como el comienzo del Apocalipsis, el fin del mundo que podría estar cercano, en caso de que la locura llegara a los límites que alcanzó durante la cruenta Segunda Guerra Mundial, cuyo teatro de operaciones fue el viejo continente europeo. Nolan nos transmite este temor manejando el lenguaje que él mejor domina, el que se escribe con las cámaras. Un buen ejemplo es la metonimia visual de un 'desembarco aéreo' que evoca el de Normandía por la contigüidad de las imágenes entre las diferentes contiendas, llevando su relato hacia el futuro (grandes contenedores repletos de soldados que transportan enormes helicópteros similares a los blackhawks), con el que mantenemos, de forma inconsciente, constantes coqueteos a través de chats, emails y otros recursos que pone a nuestra disposición la era tecnológica, llamada del conocimiento. Nadie nos va a salvar si no entendemos bien la paradoja del abuelo, o paradoja de viaje en el tiempo, formulada por primera vez por René Barjavel en su novela 'El viajero imprudente' (1943), un concepto que ya había manejado Mark Twain en 'El forastero misterioso', de manera que quien entienda bien esta paradoja puede decidir poner fin a nuestro modo de existencia, bien viajando al pasado o haciéndolo al futuro. Muchos vemos, en el momento actual, cómo se impone la locura, pero carecemos del logaritmo para frenarla; incluso los que deciden suicidarse colectivamente son incapaces de reconocer su estulticia y  se creen, aunque están a merced de un líder que ha perdido la razón pero que sabe que va a morir, inmortales.

La película dura 150 minuto, y carece de momentos valle. Es lo que necesitábamos después de tantos meses de ausencia en las grandes salas: un gran espectáculo visual que a la vez nos hiciera reflexionar, un trabajo que revela el talento de su guionista y director y la capacidad del director de fotografía; la música nos introduce de lleno en una realidad virtual y recorre nuestra piel emocionándonos y transportándonos al universo creado por Nolan, algo que difícilmente podemos conseguir en nuestras casas, lo que demuestra que hay muchas formas de ver cine, dejando atrás la nostalgia, y no nos puede faltar la sala oscura, la gran pantalla y las inmensas bandas sonoras que se convierten en protagonistas indispensables de cualquier film. Más de uno que se ha quejado de la estridencia de las bandas sonoras es posible que no eche de menos este elemento fundamental de la construcción de la diégesis cinematográfica, fundamental en el cine de Nolan, hacedor de universos virtuales alternativos, verdaderas construcciones arquitectónicas que se instalan en el imaginario colectivo, subrayadas por la compañía de un sonido generalmente a cargo de los mejores músicos del momento que gozan del mecenazgo del cine, el principal de la era contemporánea, que sustituye a los reyes, los príncipes y los papas de otros tiempos. No falta quien todavía se encuentre perfectamente instalado en escenarios casi medievales.

Algunos críticos no aceptan que el cine se aparte de la literatura e inicie un camino autónomo. Entre ellos Javier Ocaña que sostiene que se pueden desarrollar con sencillez los temas más profundos o exponer los más sencillos partiendo de la complicación, como hace Nolan. Otros lo interpretamos de otra manera: si las cosas fueran tan sencillas no veríamos familias que han dejado que sus mayores, pre-muertos como los llama Juan José Millás, murieran encerrados en lúgubres residencias, y ahora se estén matando por reunir a toda la familia y a todos los amigos. Como afirma Pattison en el film, creen lo que quieren creer, y nadie acierta a analizar. Pero, además, Nolan es un cineasta que disfruta haciendo películas que tienen su sello personal, identificables por su autoría, y que se sirven de todos los recursos lingüísticos necesarios para transmitir aquello que parece tan difícil hacer con palabras. Cada uno de nosotros, como ya vio en su momento Italo Calvino, tiene una parte conservadora y otra progresista, una que va hacia atrás en el tiempo y otra que lo hace hacia adelante. Si colectivamente estos 'viajes en el tiempo' se descompensan, e involucionamos hacia el pasado, el fin del mundo como lo conocemos no está muy lejano. Nadie ignora el peso de los logaritmos alojados en las redes en el comportamiento humano, ni que tienen más peso en las conductas que las vidas de los santos. No es fácil decir esto y a la vez hacer arte y, creo, que en esta ocasión el inglés lo ha logrado.

Me lo he pasado bien, me ha reafirmado en mis ideas y me he sentido feliz de estar en el cine, con unos espectadores que buscan lo mismo que yo. La sala era grande, los espacios entre los espectadores mucho más amplios de los exigidos, incluso en espacios cerrados (era jueves a las 4,30), pero estas garantías, hoy por hoy, corren a cargo de las salas, algo de lo que debemos ser muy conscientes. Nolan nos advierte de que estamos en un mundo crepuscular. Tomamos nota. Nunca pensó Juan Manuel Serrat que los fantasmas del Roxi no fueran víctimas de los bancos, sino de la estulticia humana que se ha encargado de asestar el golpe mortal a la más joven de las artes, que combina todos los modos de representación: oral, visual y escrito. Películas como la de Nolan detienen este retroceso del que vemos la consecuencia, pero no la causa; cuando todos lo entiendan muchas obras de arte volverán a sus refugios naturales, conviviendo con las nuevas plataformas que han venido para quedarse, con las que el cine no puede competir económicamente en su terreno, sino ofertando lo que, precisamente, oferta TENET:

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