El vendedor de tabaco. Nikolaus Leytner. Ficga técnica y crítica




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EL OBLIGADO A CRECER CASI EN EL ÚTERO MATERNO



Ficha técnica:


Título original: Der Trafikant
País: Austria. Co.producción Austria-Alemania
Año: 2018
Duración: 117 minutos.
Género: Drama histórico

Dirección: Nikolaus Leytner
Guión: Klaus Richter, NiKolaus Leytner, basado en la novela de Robert Seethaler
Dirección de Fotografía: Herman Dunzenhorfer
Música: Matthias Weber
Edición: Viktoria Mazzakarini
Dirección artística: Nicole Schmied
Decoración del set: Sarah Gerg

Diseño de maquillaje: Sam Dopona
Diseño de peluquería: Alexander Moser


Productores: Dieter Pochlatko, Birgit Rothoerl, Ralf Zimmermann
Diseño de producción: Bertram Reiter
Compañías productoras: Epo-Film Produktionsgesellschaft / Glory Film / Tobis Film / ARD Degeto Film / FilmVergnuegen / Perathon Film-und Fernsehproduktions GmbH


Intérpretes:


Simon Morzé: Franz Huchel,
Bruno Ganz: Sigmund Freud,
Emma Drogunova: Anezka,
Johannes Fritsch: Otto Trsnjek, el dueño del estanco,
Karoline Eichhorn: Anna Freud,
Regina Fritsch: Margaret, la madre de Franz,
Angelika Strahser: Sra. Veithammer,
Carl Algrang: camarero café urbano



Sinopsis:


Austria 1937, durante la fusión de  la Alemania nazi y Austria, contestada por amplios sectores. Un chico de 17 años es aprendiz de un vendedor de trabajo, entre cuyos clientes se encuentra Sigmund Freud.


Crítica.


La modernidad de la expresión de Nikolaus Leytner, y el hecho de que su obra no sea conocida en nuestro país, como lo prueba el que páginas solventes y muy fiables (Filmaffinity)  citen el film 'Der Trafikant' de forma equívoca, especialmente en lo que se refiere a la relación de sus proyectos precedentes que puede conducir al error de considerar la película como la opera prima del director, nos lleva a otra equivocación: la de encuadrar al cineasta entre jóvenes como Ali Abbasi. Alice Rohrwacher o Gianni Zanasi, cuando estamos ante un hombre de 61 años, que realizó sus estudios de cine y televisión en la Universidad de Música y Artes Escénicas de Viena entre 1977 y 1984, fecha en la que comenzó una carrera freelance como director  y guionista, lo que debió valerle la calificación de lunático, que se sigue atribuyendo hoy día a los artistas verdaderamente independientes, cuando las empresas tradicionales van cayendo en picado y no se ha encontrado la forma de financiar nuevos proyectos. En 1989 fue cofundador, junto con Helmunt Grasser, de Allegro Film, una compañía concebida para la producción de largometrajes y documentales, orientados en gran parte hacia la televisión; en 2009 contribuyó a la creación de la Academia de Cine Austriaco.

'El vendedor de tabaco', (Der Trafikant'), una  traducción al español bastante afortunada, en contra de lo que es habitual, es una de las películas más importantes, formal y discursivamente, que hemos podido ver este año; hace falta querer a este pueblo, estigmatizado por tener entre sus paisanos al líder del partido nacionalsocialista Adolf Hitler, haber compartido su casa, su mesa, visitado sus cementerios, contempladas sus fotografías e incluso viajado por el mundo con ellos, para entender que  Franz Huchel, interpretado por Simon Morzé, no es la excepción, sino la regla de un país que se ha propuesto erradicar, mediante la educación,  las ideas que condujeron al exterminio y al holocausto, fuera y dentro de Alemania; una historia responsable que contrasta con la última aportación de Lars Von Trier, 'La casa de Jack', en la que el ataque y la burla a todos las conquistas que la población mundial está logrando con mucho esfuerzo, hizo salir de la sala de proyecciones del Festival de Cannes a más de cien críticos europeos. La provocación parece estar de moda, sin que nadie mida las consecuencias, alguna de las cuales comienza ya a ser visible.

El lenguaje visual de Nikolaus Leytner engloba los logros estilisticos y estéticos del mejor cine europeo, desde un clasicismo bien asimilado de Ingmar Bergman en 'El huevo de la serpiente' que pone su foco en el crecimiento del nazismo en la vida cotidiana, potenciado por la miseria, el hambre (presencia de un caballo muerto y troceado por la gente en plena via pública) y corrupción de las mujeres trabajadoras; Andrei Tarkovsky y su triste 'Infancia de Ivan' , pasando por el realismo mágico de Border de Ali Abbasi , Alice Rohrwacher en 'Lázafo feliz', o 'La Gracia de Lucía' de Gianni Zanasi, para concluir con un giro final inspirado en Steven Spielberg, en películas como 'La termial', lleno de magia, que convulsiona las emociones y los sentimientos de un espectador que, quizá por primera vez, entienda el alma austriaca, hostil al pangermanismo, que late detrás de películas que más de uno habrá considerado ridículas, como 'Sonrisas y lágrimas' de Robert Wise, el mismo que realizó 'West Side Story', un film muy controvertido, que, por un lado, recibió cinco Óscars y, por otro, sufrió una crítica desigual. Woody Allen llegó a decir que le aterraba la reencarnación por si al renacer tenía que volver a ver The Sound of Music. También nos puede hacer entender el significado que da la comunidad internacional al Concierto de Navidad, que se celebra cada 1 de enero en la Goldener Saal de la Musikverein de Viena, cuyo programa está constituido por la música popular austriaca, los valses de la familia Stauss, y suele terminar con el Danubio Azul de Johann Strauss hijo (la frontera natural entre el imperio romano y los germanos)  y la marcha Radetzky de Johann Strauss paddre, durante cuya interpretación se solicita la participación del público en forma, acompañando a la musica con sus palmas, un evento que se identifica como una seña de identidad de un pueblo, probablemente rechazado por los más jóvenes poco inclinados a los fetichismo. Mas no se puede negar el mundo defiende un enclave en contra del expansionismo militar, que Carol Reed emblematizó en la hoy famosa noria que protagonizó 'El tercer hombre', que se hace visible a través de fotografias varias en la expendiduría de tabaco.

No acierta quien habla de fotografía luminosa, a cargo de Herman Dunzendorfer, que se va tornando oscura y amenazante a medida que el fascismo cotidiano va subiendo peldaños, que comienza con  las peligrosas pintadas, hechas con sangre de un animal, en el estanco de Otto Trsnjek, ( Johannes Fritsch ), el viejo comunista que vende placer y deseo, en forma de cigarrillos y puros habanos, pero también un poco de vicio virtual para sus clientes en forma de revistas eróticas de importación. La realidad es que la historia discurre en tiempos en  los que Tanatos se impone al Amor, y los hombres caminan por el borden del precipicio; Leytner divide su película en dos partes, ambas muy freudianas: la mamá y la madre. En la primera, oscura, distópica, los bellísimos valles alpinos se tornan grises y amenazantes;  en ella vemos al joven Hans permanentemente sumergido en el líquido amiótico del vientre materno, -incluso en un momento determinado  vemos una imagen del feto dentro de la placenta-.Es la fase en la que el niño no ha cortado el cordón umbilical que lo une a su progenitora, pero en la que se ve obligado a ver cómo su madre es abusada sexualmente por los burgueses que la contratan, una visión que lo hace huir desnudo, como los niños vienen al mundo, de la escena de un crimen continuado y bendecido por las fuerzas vivas del lugar (la única fotografía que tiene de una madre la ha hecho el párroco de la pequeña población).

La siguiente fase es aquella en la que la mujer decide que ha llegado el momento de que el adolescente crezca y se independice. La única forma que ve posible para lograr este objetivo es enviarlo con un antiguo amante que vende tabaco a la capital, Viena, iniciando con este  viaje  una etapa en la que, al volverse un hombre, deja de tener mamá para tener madre. En la ciudad va a entrar en contacto con gente que tiene más posibilidades de rebelarse contra los que abusan de ella que su progenitora, y Franz Huchel comienza un proceso de toma de conciencia, iniciado en el peor de los momentos, en los que las masas transversales, unos por miseria, como Anezka, y otros por rencor como el carnicero (figura icónica denunciada por Ulrich Seidl , 'En el sótano', una metáfora  que trata de describir la relación que mantienen los austriacos con sus 'sotanos' ) al que Jordi Costa identificó con el caso de Josef Fritz, bautizado como el carnicero de Amstetten que proporcionó a la prensa los materiales para una inquietante metáfora de toda sociedad con esqueletos en el armario. Una metáfora de Austria. O de Europa. O, si uno tiende a extrapolar, de lo más oscuro de una condición humana .

Cuando Franz, en el proceso de independencia de la 'mamá' y en la nostalgia de la madre, y de su formación como individuo adulto, entra en contacto con otro tipo de personas, de diferentes ideologías, incluido Freud que 'fuma'  (sí, fuma),  un  'vicio' que practican muchas mujeres, hostigadas por sus maridos, que ven más pecado en este pequeño placer que en señalar, primero con el dedo, después con la sangre de los animales que matan, más tarde destrozando el negocio del vecino y por último poniéndolo a los pies de los caballos, él, sin embargo no está solo, conoce la amistad, el amor, y es capaz de correr riesgos por esa causa, la libertad de los hombres de ser coherentes consigo mismos. Poco a poco, el color de la fotografía se torna suave, y es al anochecer, cuando se queda dormido, abrazado a una caja de puros que su jefe le ha enseñado a cuidar y amar, cuando la asaltan las pesadillas de su infancia en su bellísima aldea natal que los hombres han convertido en una paisaje siniestro, vuelve a imponerse la distopia. También se ha dicho que Freud, interpretado por Bruno Ganz, que, el mismo año que murió trabajó para Lars Von Trier, como hemos dicho antes, apenas tiene un pequeño papel, sin advertir que el joven Franz representa la corporeización, la materialización de las ideas de Sigmund Freud, médico neurólogo austriaco, padre del psicoanálisis, una etapa en la que el individuo sufre profundas transformaciones. El científico se ocupó de 'las terapias que utilizan la existencia de dificultades durante la infancia o emociones reprimidas, como las que padece su joven protagonista, para explicar los problemas emocionales que marcarán su evolución hacia la edad adulta, sensaciones y emociones que, enterradas en el subconsciente, emergen a la superficie consciente durante los sueños, cuya interpretación permite desenterrar los factores que desequilibran al paciente. Por lo tanto, parece obvio que el personaje de Freud se construye con la imagen de un hombre de la clase austriaca pudiente, más o menos vulgar, y el producto de sus investigaciones que toma cuerpo en forma de teorías que ha  determinado la semiótica de todas las artes de representación que toman al hombre como objeto.

Un film que no nos debemos perder, cuando, al parecer, al menos en el viejo continente, comienzan a tomar forma viejos odios del pasado, que muchas veces se fundamentan en las dificultades de los más pobres que se involucran en las luchas contra los procesos de revolución de los medios de producción: que se produjeron durante la Segunda Revolución Industrial, entre 1850 y 1914, y el comienzo de la Revolución Tecnológica, que explosionó en 2008 y no sabemos cuando acabará. Algunas elipsis significativas, muy alabadas, evitan narrar hechos que el público conoce...

Aunque parezca mentira es un film minoritario, al que la página norteamericana Imdb atribuye una media de 6,5, bastante aceptable, pero basada únicamente en 225 votos.



Páginas visitadas: Filmaffinity, Imdb y Wikipedia

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